Ni hada, ni bruja, ni heroica, ni trágica. Simplemente: Elena Garro

A la trascendencia cada vez más considerable de la obra de Elena Garro, ha comenzado a corresponder un interés mayor hacia la que ahora es considerada como una de las pensadoras más brillantes del siglo pasado. Cuentos completos (Alfaguara, 2016)­ y la aparición de Debo olvidar que existí (Debate, 2017) son sólo algunos de los documentos que se han sumado por este interés.

En Debo olvidar que existí, un breve reportaje-biografía, Rafael Cabrera documenta las múltiples huidas ­tanto reales como imaginarias ­que protagonizó una de las voces más importantes de la literatura contemporánea: Elena Garro. Es muy posible que esta apasionante biografía arroje, a corto o largo plazo, mucha más luz que otros escritos sobre la naturaleza de una de las figuras más polémicas de la literatura mexicana, particularmente sobre la época de 1968, que en palabras de Rafael Cabrera fue el “año en que destruyó su imagen pública como una roca que estrella un espejo” (p. 13).

“Polémica”, “heroica”, “brillante”, “trágica”, “paranoica”, son algunos de los títulos que la comunidad intelectual empleó con frecuencia para dirigirse a Garro. Pero resultó que esta mexicana fue mucho más allá; desarrolló sus propias ideas sobre la desigualdad y se aferró a ellas. Esto fue algo que la sociedad jamás le pudo perdonar.

Por una parte, Garro ­fue una mujer comprometida con las causas de su tiempo, enfrentó a políticos, terratenientes; sacó a los campesinos de las cárceles. Por otra, se le cuestionó su errático comportamiento en torno al movimiento estudiantil de 1968 y su espaldarazo a la comunidad intelectual a la que acusó de lanzar a los estudiantes a la calle: “Ahora se murieron los muchachos y ellos están escondidos debajo de la cama. Ahí están todos los que firmaban los manifiestos de los periódicos” (p. 21).

En muchas cartas y entrevistas, la escritora discutió el caso de los rebeldes, así como los problemas generados por la confusión del movimiento. Y paulatinamente comenzó a perfilarse como una de las figuras más cuestionadas de las letras nacionales. Uno de los primeros indicios de la tormenta que se aproximaba se aprecia en la declaración, aparentemente firmada por Garro, que publicó El Universal el 7 de octubre de 1968, en la cual, culpaba a 500 intelectuales y artistas de ser los supuestos responsables de “haber arengado a los jóvenes a salir a las calles a manifestarse contra el gobierno”. Naturalmente toda la comunidad se volvió contra ella.

Estamos ante una biografía que, en palabras del propio autor, “ha querido reconstruir y entender la historia llena de incongruencias, confusiones y silencios de una autora fundamental” (p. 13), pero con una obsesionante preocupación: “entender su historia y contarla a los demás” (p. 14). A partir de una prosa conmovedora, Rafael Cabrera crea un retrato sorprendente e inédito de la escritora, feliz e infeliz;  recordada y olvidada y de la sociedad que la creó y destruyó.

Dramática, provocativa e inquietante, Debo olvidar que existí es tan explosiva como su protagonista, la legendaria Elena Garro.

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