Algunas notas sobre Pushkin de las que seguramente no he quitado bastante

pushkin (2)
Narraciones completas / DEBOLS!LLO, 2010

-Esas novelas ya no existen. A no ser que quieras una novela rusa.
-¿Acaso hay novelas rusas?
La dama de piques

Es casi imposible pensar en un escritor más influyente para la historia de una literatura que Pushkin. Lérmontov, el padre de la novela rusa, fue condenado a Siberia por defender la figura del poeta tras las habladurías y el descrédito que siguieron a su muerte. Gógol, su discípulo más cercano, lo veía como la expresión perfecta del espíritu eslavo. Para Dostoievski, tan escaso de elogios, era el máximo profeta, la cima de la perfección artística. Tólstoi nunca sintió más que admiración durante toda su vida por el inventor del idioma ruso, el gran creador de su épica, el poeta nacido en 1799 y muerto a los 36 años en un duelo.

Porque más que un solo escritor, Pushkin parece un ejército de hombres. A los 17 años ya era reconocido como una de las voces centrales de la literatura rusa, y, de ahí hasta su muerte, no hizo sino dedicarse con abnegación a perseguir muchachas, a los duelos, a la sátira (sus epigramas eran temidos y más de una vez le valieron el exilio), a la elegancia, a la plática de salón, y, sobre todo, a proveer a su país –él solo- de una auténtica tradición literaria.

Con sus narraciones, Pushkin despojó a la literatura rusa de toda floritura. Consideraba que aunque la poesía ya había tenido grandes representantes en su país, el pensamiento y la reflexión aún no habían existido en su idioma a falta de una verdadera lengua afín a ellas. Con esto en mente, Pushkin inventa una lengua cuya función está completamente al servicio de la trama, de la clara ilación de escenas, diálogos y circunstancias, que permitan la fácil comprensión de una historia.

Sus cuentos son una mezcla extraña entre el realismo más duro, más radical, y las historias fantásticas propias de una generación educada bajo la influencia de Hoffmann, un limpio repaso por sus supersticiones, sus modos y, sobre todo, por esa obsesión tan rusa con las jerarquías, con el conocimiento claro de que se pertenece a un lugar en el mundo y que fatalmente se está destinado a él, lo que conlleva no pocas frustraciones y bastantes malicias. Como ejemplo ahí están El negro de Pedro el Grande, que inicia el volumen, o los Cuentos del difunto Iván Petróvich Belkin, que se abren, a su vez, para desembocar en la Historia del pueblo de Goriújino: historias de aventuras, de salón, cuadros de costumbres, historias de fantasmas, nada, absolutamente nada, ningún género o tono se salva del estilo y el humor de Pushkin, desde el delirio absoluto y el crimen (tan dostoievskiano) de La dama de piques hasta el retrato histórico de Kidzhali.

A mediados del siglo pasado Marc Slonim, el famoso eslavista, afirmaba que la grandeza de este escritor estaba destinada solamente para quien conociese su idioma, que su genialidad no soportaba el trauma de la traducción. Para él, la certeza de su talento debía poco menos que ser un acto de fe. Gracias a estas Narraciones completas, su genialidad nos es ahora más palpable.

 

Roberto Culebro

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