Mi tierra prometida

Mi tierra prometida es la historia de uno de los más grandes acontecimientos del siglo xx: Israel, la fundación del Estado judío. A través de una profunda investigación periodística, que incluye entrevistas, documentos, diarios, cartas y la propia tradición familiar, Ari Shavit ―reconocido escritor y periodista del diario izquierdista Haaretz― reconstruye el nacimiento y desarrollo del Estado de Israel, mientras se cuestiona su papel histórico desde el sionismo. El autor, en el repaso de los eventos que dieron origen al Estado judío, se busca a sí mismo, se reencuentra con sus antepasados; de la misma manera que los primeros sionistas, se pregunta quién es.
A principios del siglo XX, el antisemitismo prescinde de su carácter religioso ―cristiano― y se revela como un odio irracional hacia quienes, en gran medida, moldearon la cultura occidental. ¿Cómo entender el siglo XX sin Marx, Kafka, Freud, todo ellos judíos?
Los pogromos pululan ―uno más grande, sin parangón, se acerca―, los judíos huyen de Europa y descubren que nunca fue su tierra, escapan, ¿hacia dónde?… El movimiento sionista que nació a finales del siglo XIX va más allá de ser un proyecto político; es toda una elucubración filosófica que trasciende los cuestionamientos fácticos hacia una ética y pregunta existencial sobre la realidad histórica del pueblo judío. El sionismo es la última esperanza, su tesis descansa en la búsqueda de un territorio para los desterrados, una identidad para los desarraigados.
El sionismo parece tener varias caras; está la de los potentados judíos ingleses, franceses y estadounidenses, enriquecidos en Occidente, que en 1897 viajaron a bordo del vapor Oxus, ilusionados con la utopía bíblica de la tierra prometida, y que se dirigieron hacia Palestina con la esperanza de construir una tierra próspera para ellos y para sus hermanos, menos afortunados, de Europa del Este. Está la de los jóvenes emprendedores que, imbuidos de la doctrina socialista, llegaron a principios del siglo pasado a la tierra prometida, donde instalaron los primeros kibutz bajos los principios de la solidaridad y del trabajo, y del rechazo a la figura estatal. Está la de los valientes acorazados de la resistencia, que bajo la bandera del nacionalismo hicieron frente a la amenaza del nazismo aliado con el terrorismo árabe (Irán en el siglo XXI). Está la del doctor Lehmann, el humanista alemán amigo de Einstein, que soñaba con una tierra próspera de la que tanto judíos como sus vecinos árabes pudieran aprovecharse. ¿Cuál es la verdadera? ¿La tradicionalista, socialista, anarquista, humanista o nacionalista?
Según la tesis de Shavit, aquellas facetas no hacen más que ocultar la verdadera cara del sionismo. Si bien no tenían alternativa ―el holocausto se cernía sobre ellos―, los judíos no deben olvidar que en el proyecto de creación del Estado subyace una terrible realidad: la tierra prometida, Palestina, no estaba vacía, ya estaba ocupada… y no sólo por judíos. Por lo que en el proceso de construcción de Israel estaba presente, desde un principio, el conflicto, la guerra, la aparentemente irreconciliable voluntad de dos pueblos encontrados por la historia: árabes y judíos. La decisión de la ONU en 1948 fue clara: un Estado para cada uno.
La realidad de Israel es única; se levanta sobre dos pilares: intimidación y ocupación; es un pueblo históricamente perseguido y amenazado por el odio y el terrorismo, pero, al mismo tiempo, un pueblo que también se sustenta en la invasión, en la tiranía sobre otro. Una de las caras del proyecto sionista es la del colonialismo, la cara que pocos quisieron ver, embelesados como estaban por su idealismo bíblico La ceguera del sionismo radica en el desconocimiento de esta dualidad.
Bajo esta dualidad, Shavit estudia el pasado, presente y futuro de esta conflictiva nación; una historia de esperanza, de libertad, pero también de opresión; una nostálgica lucha por recuperar la memoria bíblica y, a su vez, una pesadilla distópica en la que abundan el terrorismo, la guerra, los fantasmas de un Estado invasor. Palestina es para judíos y árabes la tierra prometida… y de la discordia. Sin embargo, no todo es pesimismo, la superación de esta condición está primero en su reconocimiento, para sólo así llegar a su reconciliación.

 

Reseña del libro: Mi tierra prometida, Ari Shavit, Debate, 2014.

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