Materia de Interés

Las columnas de los periódicos se han convertido en una ilustración

clásica de la teoría de que las organizaciones tienden a elevar a la gente

a sus niveles de incompetencia.

—Tom Wolfe, El Nuevo Periodismo

Comienzo a escribir esta Conjura en el momento en que tiene lugar una discusión desbordada en las redes sociales acerca del plagio que cometió Enrique Peña Nieto en su tesis de licenciatura. Entre las diversas aristas de la polémica, observo con inquietud que varias personas ponen en cuestión la relevancia periodística del reportaje que publicó el equipo de investigación de Aristegui Noticias. Que si hay asuntos más relevantes en la agenda pública… Que si eso ya pasó hace muchos años… Y que, bueno, el presidente lo hizo cuando era un joven imberbe… Por aquí y por allá una serie de argumentos que groseramente hacen eco de la primera reacción oficial, la del portavoz de la presidencia, y que es una respuesta para llorar: “Por lo visto errores de estilo como citas sin entrecomillar o falta de referencia a autores que incluyó en la bibliografía son, dos décadas y media después, materia de interés periodístico”.

Claro, lo que incomoda es que este vocero ejecutivo, el mismo encargado de la vieja tarea de aclarar “lo que verdaderamente quiso decir el presidente”, considere que el estilo, ¡ah, el Estilo!, pase por entrecomillar, o no, párrafos ajenos. Esto es verdaderamente de locos. Tome usted esta píldora estatal para documentar su optimismo y váyase a dormir.

Pero no, no está ahí lo que me parece más irritante de la respuesta del gobierno. Lo más irritante es el tufillo irónico del final. Ahora resulta que lo que a usted se le ocurra, parece decir el vocero, puede ser “materia de interés periodístico”. Váyase con su periodismo a otra parte, digo. Y todavía con un asunto que ocurrió hace 25 años… Óigame, no.

Tal vez aquí haya un par de ideas (mal) preconcebidas acerca del periodismo. En primer lugar, que el periodismo tiene que ver con la inmediatez, con recoger la información y los hechos que ocurrieron hace unos minutos, unas horas, o hasta hace algunos días, pero que ya después de eso va quedando desfasado. Como si la “materia de interés periodístico” tuviera (al menos para el funcionario público) un fecha de caducidad, después de la cual se volviera una anécdota histórica de poca trascendencia. Queda claro que éste es un caso más de una ya larga tradición de las “administraciones federales” que consiste en ningunear al periodismo crítico desde la ignorancia supina (cuando no despliega su fuerza por medio de intimidaciones y violencia).

Y entonces que plagio, que plagiados, que plagiarios, que hasta un ex presidente implicado, que si la Universidad Panamericana se pronuncia sobre su ex alumno, que si hasta un mandatario de Hungría renunció por un caso similar (pero claro, eso ya fue hace cuatro años)… Mientras que el presidente… ¿el presidente? Ah, sí, mientras tanto el presidente espera “que todos jalen” con su reforma educativa.

En fin, más allá de todo, lo que quería poner de relieve (antes de que se me acabe este espacio langostino que de manera natural repele todo discurso politiquero… y hace bien) era la cuestión de aquello que puede llegar a ser, como dice el vocero, materia de interés periodístico. Y creo que son los propios periodistas los que han problematizado este tema con más fortuna. ¿Por qué algo debería interesarnos en términos periodísticos?

Antes de irme por las ramas con el plagio de Peña, cuando me dijeron que este texto tendría que girar en torno a literatura y periodismo, luego luego pensé en —lugar común o no— Tom Wolfe y el Nuevo Periodismo (que ni el mismo Wolfe sabía quién le había empezado a llamar así). Pensé en aquel ensayo donde Wolfe narra la emoción que sintió al leer un reportaje de Gay Talese sobre Joe Louis, el mismísimo “Brown Bomber”, la leyenda del boxeo. “Ay, ay, ay”, decía Wolfe. “¿Qué es esto, en nombre de Cristo?” Al principio, Wolfe no entendía el tipo de información que manejaba el reportero Talese, pero sabía que estaba frente a una pieza que marcaba un antes y un después en la historia del periodismo. No sólo sorprendía (justamente) la materia de interés (las tribulaciones conyugales de un boxeador), sino la Forma, la voluntad de Estilo (nada que ver con el entrecomillado de citas), la firme intención de hacer entrar al reportaje en una Dimensión Estética.

Ahí mismo, después de exaltar las posibilidades (creativas) de la mirada subjetiva del periodista, Wolfe llega de manera natural a Truman Capote y A sangre fría: la historia de “dos vagabundos que exterminaron a una acomodada familia de granjeros de Kansas… que causó sensación y fue un golpe terrible para todos aquellos que confiaban en que el execrable Nuevo Periodismo o Paraperiodismo se extinguiera por sí solo como una bengala”. Materia de interés periodístico, por cierto, a la que Capote gustaba llamar “novela sin ficción”. Ya ustedes dirán si también se han cometido abusos en nombre de ese rótulo.

Y así se sigue Tom Wolfe hasta pedirle al lector que olvide todo lo dicho sobre el Nuevo Periodismo… “Al diablo con eso… Dejemos que el caos reine… Más alta la música, más vino… Al diablo con las categorías.” Ay, Tom, ¿por qué hemos decidido no hacerte caso?

Pues sí, muy al diablo con las categorías, pero no puedo dejar de recordar aquí cuando, por mor de la claridad, nuestra querida Svetlana La Premio Nobel Alexiévich, dijo que ella era no era “periodista en el sentido estricto de la palabra”, que ella utilizaba “el periodismo para conseguir materiales”, pero que con eso hace literatura. ¿Entonces?

No se hagan bolas, ya lo dijo Salinas, esta semana en la Langosta sí que hay Materia de Interés Periodístico, y mucha. Vaya combo: Talese, Capote y Alexiévich. Como para ir por una caja de Tafil y no salir de casa durante un mes.

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