Más allá de la diferencia, el amor

Andrea recibió amenazas a su integridad cuando se atrevió a denunciar el abuso del que fue víctima, e incluso detectó a gente rondando fuera de su casa con el único fin de intimidarla. Gabriela fue llamada “puta” por increpar al sujeto que a escondidas grababa un video de su ropa interior mientras viajaba en autobús de camino a la escuela. A Karen le dicen que “se buscó” la violación que sufrió a manos de un grupo de hombres por salir a festejar a la playa vestida “de manera impropia”. Son algunos casos recientes en nuestro país, que apuntan a un problema mucho más grave de lo que estamos dispuestos a aceptar.

Pero no únicamente es México. En todo el mundo, miles de mujeres ven vulnerados sus derechos por el sólo hecho de serlo, independientemente de sus preferencias sexuales, su complexión, su color de piel, su edad o sus posibilidades económicas y de educación. Pero no están solas, ni sus voces serán silenciadas. Con fuerza igual o mayor a la de los abusos que padecen de manera cotidiana, surgen por todas partes iniciativas sociales y artísticas que denuncian y contrarrestan la desigualdad que aún prevalece entre hombres y mujeres.

Consciente de esto, sabiendo que la gota más pequeña posee la clave para descifrar el océano entero, Carol Rosetti comenzó a dibujar Mujeres en su tiempo libre, “casi como un pretexto para hacer un dibujo cada día” y practicar su uso de los lápices de color. Su método es simple: dos sencillas oraciones enmarcan el retrato de una mujer al tiempo que exaltan y celebran un rasgo de su personalidad. Una ilustración tras otra, Rosetti empezó a compartir historias de mujeres que deciden defender su libertad de la forma más natural y categórica posible: siendo ellas mismas.

La respuesta del público fue tremenda. Con el tiempo, este proyecto adquirió una presencia muy fuerte en internet, su cuna original, haciendo eco no sólo en miles de mujeres que se identificaron con sus personajes (muchos de los cuales retratan a féminas de carne y hueso), sino también en un número no menor de hombres que vieron en su trabajo una lección de armonía, comprensión y respeto. Así que aunque se piense que este mensaje sólo puede tocarlas a ellas, que su impacto no tiene nada que ver con los varones, no hay nada más alejado de la realidad. La discriminación, advierte la autora, nos compete y afecta a todos por igual.

Con el tiempo, Mujeres se estableció como un homenaje a la diferencia, un poderoso mensaje de amor que reafirma nuestro derecho a expresarnos libremente según nuestra propia identidad y pone en duda muchos de los más obcecados paradigmas de nuestra sociedad: ¿es realmente el cuerpo un objeto de deseo que debemos adornar y poner a disposición de los demás? La identidad, esa duda que nos asedia con regularidad, ¿puede reducirse a una dicotomía expresada en la forma de nuestros genitales o en de las prendas que escogemos vestir? ¿Debemos obtener siempre el consenso de nuestros familiares, amigos y vecinos antes de tomar una decisión que nos afecta sólo personalmente? ¿Por qué, habiendo tantos matices en el espectro del amor consensuado, se sigue censurando y violentando a la comunidad lgbttti? Y a todo esto, ¿hay algo que podamos hacer para cambiarlo?

Carol Rosetti se plantea, como muchos de nosotros, todas estas dudas y más. Sus respuestas están en estas páginas, pero no le pertenecen sólo a ella, pues son el resultado de una lucha constante en la que hombres y mujeres por igual debemos enfrentarnos a algunos de los enemigos más nefastos de la humanidad: la intolerancia, el racismo, la violencia y la desigualdad. ¿Cómo? Compartiendo este mensaje, haciéndonos partícipes de él en nuestra comunidad, escuela, casa o trabajo. En todas partes. Si podemos hacerlo, si por un instante dejamos de lado las diferencias externas y nos asomamos al corazón del prójimo para reconocernos en él, la lucha está ganada.

Mujeres, Carol Rosetti, Lumen, México, marzo de 2016.

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