Maldita

«Queridos tuiteros:» Por algún motivo, Madison, de quien voy a hablarles, se dirige así a nosotros, que no somos más que lectores no-muertos. La protagonista de Maldita es una rechoncha adolescente a la que el bullying no le hace nada porque ya es una no-viva y, para el caso, una no-viva bastante despierta.

maldita_palahniuk_cwTodo comienza en donde des-escribimos el libro de nuestra vida: el infierno. Y como nuestra sabia y obesa protagonista nos recuerda, es mejor tener malos recuerdos que no tener ninguno. Pero si ni un gordo quiere pasar desapercibido, tampoco los muertos quieren desaparecer por completo: de ahí este relato del fin del mundo.

Pero olvidemos que comenzamos en las sofisticadas calles de Los Ángeles, mientras se queman en lava liquidísima, para regresar un par de años antes al norte del estado de Nueva York. (Sí existe, naco, y que tú en tu incultura sólo hayas escuchado acerca de la ciudad no es problema de Madison ni mío, y lo más probable es que tampoco sepas la diferencia entre sorbete y gelato. Pero bueno, alguien tiene que comprar libros…) En fin, vamos al norte del estado, donde nuestra pequeña obesa comienza a desarrollarse hacia los lados mientras, a fuerza de tiramisú con Rohypnol y rabia, logra condenarse por los siglos de los siglos para sólo poder venir aquí, a la tierra de los no-muertos, en Halloween (sí, un poco predecible, pero el Chuck no puede ser perfecto).

Imaginemos que no sólo los no-vivos del infierno vienen a comer dulces en esa fecha, también los no-vivos tabacómanos del cielo bajan a fumar unas cuantas cajetillas de cigarros, ya que el cielo tiene una estúpida política antitabaco. Aunque seguro pensaban que los únicos desgraciados eran ustedes, leyendo esta novela se sentirán además completamente pobres, como los gusanos que ya son, cuando Madi nos hable de cuando ella era una no-muerta súper millonaria y comprendan que sus referencias sólo las han visto en revistas de esas que tiene el dentista en su consultorio.

También leeremos sobre la vida en una granja, la tierra pegada a la piel, cultivos regados por el sudor de cientos de generaciones de viejos curtidos por el sol, sin idea de que ya hay cremas y bloqueadores solares, que trabajan como mulas hasta caer muertos por un solitario ataque al corazón, entre pedorreándose por doquier con los culos cagados y caminando y comiendo sobre sus propias asquerosidades.

¿Por qué esta rechoncha y redonda adolescente termina en un lugar así? La respuesta es simple: el destino, que ya está escrito para todos. Madison tenía que ir a ese hoyo para desde ahí comenzar esta historia destruyendo la vida de una vieja que fuma demasiado.

La historia, como la gente, sólo es un recipiente vacío en espera de que alguien lo llene. En este caso tú, quien lee. Y así como a un yonqui lo llena su jeringa o a un tampax lo llena la sangre menstrual (la cual nuestra pequeña obesa nunca tuvo la oportunidad de derramar), así los fantasmas pueden llenar los circuitos eléctricos de los hoteles para espiar lo que estamos haciendo y con quién. ¿Por qué esto es así? Lean y sabrán. Para ganarse la vida a veces hay que morir. Y aquí estamos.

Y por último, les exijo:

Abracemos el groserismo, esta nueva religión que promete la liberación de todos y de todo: grandísimos hijos de la gran puta, perros de mierda, lectores estúpidos.

¡Sientan su poder!

¿No se están liberando?

Si todos fuéramos groseristas, dejaría de haber judíos y negros y putos y jodidos; todos seríamos groseristas, y los insultos, nuestros salmos.

Alaben y abracen esta novela, gusanos de mierda.

Celebren la muerte y la vida, las drogas y las orgías.

Al fin ya todos nos vamos a morir y dejaremos de ser estos no-muertos para ser unos no-vivos; ya después veremos si es de Dios o del Diablo esto que llamamos nuestra alma eterna.

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