Los padres, las guerras mundiales y algunas razones por las cuales odiamos a Joël Dicker

Hace poco más de un año tuve oportunidad de intercambiar algunas (pocas en realidad) palabras con Joël Dicker, a quien probablemente identifiques más rápidamente si te digo que es el autor de la muy leída y comentada novela La verdad sobre el caso Harry Quebert.

La cosa es que Joël es suizo y habla un inglés con resonancias franco-germanas, así que a las primeras de cambio debí pedirle que fuera despacio en la conversación “Because I speak only wetback English”. O sea: “Sólo hablo inglés de ilegales”; rudimentario, digamos. Y Joël, amable como él solo, le bajó al speed y habló casi con parsimonia en mi beneficio. La cosa, también, es que estábamos en la Feria del Libro de Guadalajara, rodeados de escritores, editores, agentes literarios y gente así, y precisamente un escritor tuvo a bien preguntarle a Joëlito, en perfecto british english: “¿Estás consciente de que todos aquí te odiamos? Y tenía razón: ¿Cómo no odiar a un bato que a sus entonces 28 años ya ha conseguido publicar un bestseller de escala mundial, ganar importantes premios literarios, ser invitado a eventos magnos y, además de haber sido niño prodigio, es joven, guapo, alto y de buen cuerpo (opinaron las damas presentes unánimemente), culto, amable, simpático, inteligente y mil etcéteras?

Pero bueno, al margen de tantas y tan justas razones para odiarlo, debe reconocerse que Joël domina su oficio. Léelo y verás, y en particular ahora, cuando se acaba de publicar en nuestro idioma Los últimos días de nuestros padres, su primera novela. Queda claro, supongo, que en toda guerra hay temas propicios para convertirlos en literatura, que en tales obras lo que predomina es la épica y también que, de entre todas las guerras, la primera y la segunda mundiales han dado pie a toneladas de obras. Si no me crees, échale un ojo a las reseñas de la semana en esta Langosta, y si eres lector de hueso colorado, échale un ojo a tu memoria o investiga un poquito sobre el tema. Verás que tales novelas prácticamente se dan silvestres y algunas incluso son de notable calidad. Nunca un tema, un tópico, una época, quedan agotados; todo depende de quién se ocupe de darles expresión escrita. Pues bien, he aquí que Los últimos días de nuestros padres es una novela cuya trama se desarrolla durante la segunda guerra mundial, en los recovecos de los hechos poco conocidos, y los aborda, sí, con una visión épica, pero, como dice nuestro reseñista en este mismo sitio, y podrás constatar, al mismo tiempo con un vuelo lírico que hace de las acciones bélicas mero trasfondo de lo que en verdad es esta novela: una historia de padres e hijos, de amor filial, de cómo los intereses de una nación quedan por debajo de los intereses de un hijo que ama a su padre. Nada menos. Confieso que La verdad sobre el caso Harry Quebert me sorprendió gratamente y creo que es un thriller impecable, pero ahora, tal vez por la emoción de esta reciente lectura, creo que dentro de unos años, por sus poderes emotivos y gran aliento emocional, la obra que seguirá viva en mi memoria será Los últimos días de nuestros padres.

Ramón Córdoba

Si quieres saber más sobre el colaborador de esta conjura, lo puedes encontrar en twitter  @CadaPerroLibro

 


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