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Los mecanismos imaginarios del Doctor Aira
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Jeff Koons acaba de colgar una langosta inflable a unos metros de la redacción de ésta su congénere, la Langosta Literaria. El poder de convocatoria del artista estadounidense –quien viene en tándem junto a Marcel Duchamp— se expresa en las filas que ingresan al Museo Jumex. El arte contemporáneo es multitudinario, a pesar de su reputación de elitista y de incomprensible. Muchos van a tomar fotos o a burlarse, algunos pocos a sabiendas de que esta experiencia autoirónica ya está en la expectativa de los artistas y en las implicaciones de sus obras, que por diseño impulsan a la pregunta de siempre cuando se trata de arte contemporáneo: ¿esto es, de verdad, arte?

Lobster por Jeff Koons en jeffkoons.com

César Aira habla de esta circunstancia en su ensayo “Sobre el arte contemporáneo”, que se reúne en este libro junto a “En la Habana”, dos textos complementarios sobre un mismo asunto: esta época y su llamado a los escritores a hacer otra cosa con su imaginación que sólo escribir.

En el primer texto el escritor hace un recorrido conciso por la historia de los discursos y sistemas que han ensamblado el arte de nuestro tiempo, con todo y ese nombre que no dice nada pero lo dice todo. Aira apunta hacia algunos componentes de ese amplio espectro de prácticas, mecanismos, expresiones y obras que, por convención del mercado o de los curadores, se llama arte contemporáneo. Por ejemplo: el presente continuo que lo caracteriza, la incapacidad para reproducirlo técnicamente (por ejemplo, lo difícil que es ilustrar en revistas o libros los productos de las bienales de arte contemporáneo), Duchamp como primer motor inmóvil, y por supuesto, el Enemigo Militante del Arte Contemporáneo, que merece su propio apartado.

De acuerdo al escritor argentino, este antagonista es un elemento indispensable para poner en marcha cualquier efecto liberador que puedan tener las instalaciones, las cédulas explicativas, la curaduría o cualquiera de las piezas que desquician a los conservadores en los museos. Rafael Lemus formulaba hace unos años la cuestión: ¿quién le teme al arte contemporáneo? Hoy el Enemigo Militante del Arte Contemporáneo sigue demostrando una incomprensión irrenunciable contra cualquier cosa que no sea arte moderno, vocifera y hasta le otorga nombres nuevos a lo que llama con rencor Hamparte o Arte VIP. Está muy claro quién se desvela, y quizá ahora podamos invertir la pregunta: ¿a qué le teme el arte contemporáneo?

Aira no da la respuesta, sólo faltaba. Pero en su visión queda claro que el arte contemporáneo tiene de su lado al mercado, a la crítica especializada, a una parte de la academia y, como ya se decía, hasta a sus enemigos, lo suficiente para que desde hace más de cien años el impulso de Duchamp haya bastado para que las repeticiones de su mingitorio, de sus gestos y hasta de su biografía conformen lo que Aira llama una “constelación de excepcionalidades provisorias y parciales”.

Seated Ballerina de Jeff Koons en local.mx

Lo cual lleva al segundo ensayo, “En la Habana”, una crónica de la visita de Aira a la casa del José Lezama Lima, ese poeta enorme y gordo como su gran novela Paradiso, en cuyos meandros hay todo un macrocosmos que el argentino trató de buscar en su domicilio, ahora convertido en museo.

Ahí, Aira encuentra un vaso danés que tiene pintado un paisaje urbano en todos sus detalles. Como un objeto ficcional, el vaso muestra las calles, las marcas de los coches, el número de ventanas y cada hoja de cada árbol. El vaso, que aparece en la novela pero que Aira apenas identifica, en parte por una miopía compartida entre sus ojos y su memoria, lo lleva a una especulación dentro de la especulación sobre qué es la imagen y lo que implica para el escritor.

Los objetos portadores de imágenes, escribe Aira, se asemejan a la literatura por su creación de mundos y atmósferas, pero apuntan hacia un defecto originario en la escritura: a diferencia de la imagen, que es presente en estado puro, la literatura debe operar en y a través de desfases temporales. Esta preocupación no es menor en un escritor como César Aira que en múltiples ocasiones ha declarado que una de sus ambiciones como escritor es lograr la tridimensionalidad rotunda de la escultura.

El problema del presente, de un tiempo en que no existe la angustia del pasado o del porvenir, une a estos dos ensayos que muestran a un Aira inventivo y juguetón como lo encontramos en sus novelas y cuentos. Así como es un gran forjador de cuentos de hadas contemporáneos, Aira también merece la atención de los lectores por sus ensayos.

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