Lealtad efímera

No hay nadie que se escape. A todos nos persigue, nos atormenta, nos humilla, nos grita, nos patea, nos ladra con tanta fuerza que llorar no es opción. Ser un puberto es inevitable: las hormonas que emanan desde las entrañas sudan ahogadas e intentan mordernos, la vida y la familia se convierten en una batalla interminable; agota nuestras reservas, algunos se pierden en ella y muy pocos sobreviven.

La mayoría de los padres aplican formas tradicionales de corregir los comportamientos erráticos y caóticos de la iniciada juventud mientras algunos otros prefieren la rectitud y la severidad como una escuela dirigida por militares, como los padres de Alberto en La ciudad y los perros.

El perfil para ser un cadete del Colegio Militar Leoncio Prado, (según su página web)[1]incluye autoestima elevada, ser un líder positivo, responsable, disciplinado, higiénico,  tener cuidado y control sobre su cuerpo y mente. Para los estudiantes de la novela de Mario Vargas Llosa los requisitos son todo lo contrario. La sobrevivencia en uniformes caqui incluye las patadas, los cigarrillos, la venganza,el dolor y las orgías.

La mayor parte de la historia se desarrolla con las vivencias de un grupo de cuatro ¿amigos? dentro de las instalaciones del colegio; habitan en la putrefacción de un ambiente rodeado de perros, cornetas, noches de corrientes heladas, orina, algo de poesía, que se opaca con los deseos carnales de los estudiantes y culmina con el sabor del tabaco.

Imagino cada suceso bajo la melodía de Requiemin D minorde Mozart, todo en silencio, escenas de gritos histéricos de los coroneles, humillaciones públicas, lágrimas reprimidas, la Perra Malpapeada como testigo del destino trágico de vivir en la claustrofobia roñosa del encierro, donde sólo hay una cosa que no se pu

Por Alejandra Junco


 

[1]http://www.leoncioprado.com/perfildecadete.htm


 

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