Grossman, inmortal

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La vida entera / DEBOLS!LLO, 2011

Según Grossman, la fórmula de la inmortalidad consiste en salir a caminar y contar historias, en narrar la vida. En La vida entera, Ora (uno de los personajes femeninos que, según Paul Auster, está “más viva que cualquier otro personaje de la ficción contemporánea”) decide emprender un viaje tras enterarse de que su hijo, Ofer, se ha enlistado voluntariamente para ir en una operación militar especial, aunque su servicio en el frente ya ha concluido. Entonces Ora decide alejarse de su casa, del momento cuando los soldados vengan para notificarle que su hijo se “ha caído del tiempo”, y sale a caminar sin destino fijo. Mientras deambula cuenta la vida de Ofer, su vida entera, tratando de encerrar en sus palabras su mortalidad, creyendo que mientras cuente su historia, él permanecerá con vida. El hilo de la trama es en realidad el hilo del que pende la vida, no sólo de Ofer, sino de Ora y de los personajes que la acompañan.

Lo que tanto quería evitar Ora le pasó realmente a Grossman el domingo 13 de agosto, a las 2:40 am, cuando un grupo de altos oficiales tocó a su puerta. Su hijo Uri había estado en el frente en la segunda Guerra de Líbano y, a tan sólo unas horas del cese de fuego, el tanque en el que iba junto a otros compañeros fue el blanco de un misil de Hezbolá, mientras pretendían rescatar a los soldados de otro tanque que también fue atacado. Grossman recuerda en una entrevista que al escuchar el timbre esa madrugada, se volvió hacia Mijal, su mujer, y le dijo: “Ya está. Nuestra vida se acabó”. Bien dice Grossman que todo lo que escribe es autobiográfico, hasta su lista de compras, y tal vez por eso su prosa es tan sincera como penetrante.

Este autor ha sido llamado una de las grandes voces de la literatura israelí contemporánea, al lado de Amos Oz y Abraham B. Yehoshúa. Es defensor de causas políticas, sobre todo en lo referente a los conflictos bélicos que aún continúan en su tierra natal, pero sus creencias e ideologías en lugar de oscurecer su literatura, la colman de mayor fuerza.

Al leer a Grossman casi puedes escucharlo, en México o en Israel, en su estudio o en el desierto, alrededor de una fogata, contándote una historia en un lenguaje que ha existido desde hace siglos, usando palabras antiguas que te hacen pensar en que después de todo existe un hilo de vida que es de un material indestructible; un hilo que es el lenguaje y recorre todas las épocas y todos los lugares, una historia que es tu pasado y tu futuro, que tiene todo de contemporánea y al mismo tiempo es la historia que se ha contado desde que el hombre es hombre; sobre el dolor, la pérdida y el sentido de querer seguir caminando lejos del abismo. Al leer esta novela uno cree en serio que en el lenguaje se puede alcanzar la inmortalidad y en las palabras realmente está la vida, sí, la vida entera.
 

Adriana Guillén

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