Las raíces del Romanticismo

“Comenzó en Alemania y creció deprisa. El mundo no ha sido lo mismo desde entonces, nuestra política y nuestra moral se han visto profundamente transformadas. Sin duda, éste ha sido el cambio más radical y más dramático, por no decir el más pavoroso, en la perspectiva del hombre de los tiempos modernos.” Es Isaiah Berlin quien habla, a propósito de ese movimiento llamado romanticismo.

Considerado principalmente un movimiento cultural y artístico, el romanticismo fue también un movimiento político y social. Éste es precisamente el asunto del que se ocupa Berlin, pues al pasar por el tamiz de su mirada, vio en él una revolución espiritual e intelectual de muy profundo calado que transformó para siempre el pensamiento de occidente.

Hay conceptos e ideas fundadas por los pensadores románticos cuyo eco nos alcanza hasta nuestros días. Por ejemplo, los románticos tienen razón al señalar que concebir a las instituciones como algo eterno es erróneo. Los seres humanos creamos libremente instituciones para beneficiar a otros y, con el paso del tiempo, éstas se vuelven inútiles y utilitarias. Pensemos cuántas instituciones en nuestro país tienen estos atributos.

La noción de la suprema libertad del artista y la veneración del artista como genio; la desconfianza ante las concepciones monolíticas y unidimensionales del hombre y el mundo; la valoración no sólo de lo irracional y lo subjetivo sino de lo inacabado, disgregado o meramente esbozado; la preferencia por lo particular en detrimento de lo universal; la radical emancipación de las emociones y la celebración de lo espontáneo y lo exuberante; el esteticismo desenfrenado, con la exaltación de la belleza aun a costa de la verdad y el interés; el auge del primitivismo, o el mito del retorno a la inocencia y autenticidad de los orígenes; la nostalgia de un orden social constituido en armonía con la naturaleza; la idea de que la disposición a sacrificar la vida por una causa puede ser tanto o más importante que esta causa; en fin: éstas y muchas otras ideas, imágenes y actitudes características del hombre moderno tienen sus raíces en el romanticismo.

En palabras de Berlin: “Estos dos elementos –el de la voluntad libre y sin trabas y el del rechazo de la noción de que hay una naturaleza de las cosas, el intento de sabotear y de hacer volar en pedazos cualquier noción de estructura estable– son los más profundos y, en cierto sentido, los más lunáticos de este extremadamente valioso e importante movimiento”.

Se cuenta que el maestro expresó en repetidas ocasiones la idea de escribir un libro entero con sus reflexiones sobre el romanticismo. Sin embargo, ese libro no llegó a escribirse sino a través de la transcripción de las conferencias A. W. Mellon que dictó en 1965 y que su editor y albacea, Henry Hardy, tuvo a bien editar. Taurus lo reeditó en 2015, y leerlo es un gozo y un homenaje a la inteligencia que debemos agradecer.

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