Las aventuras de Pinocho : lecciones para atravesar el país de las bestias

carlocollodi

Las aventuras de Pinocho / Debolsillo, 2012

Las aventuras de Pinocho es una fábula alucinada. Carlo Collodi, su autor, publicó por entregas los episodios de la vida de la marioneta en el Giornale per i bambini de Italia entre 1882 y 1883, y creó un mundo donde una doctrina moral explícita es menos importante que lo onírico y el vértigo que causa. Desde el inicio, la obra está cargada de un humor que anticipó algunos de los mejores momentos del surrealismo y el absurdo. El absurdo está desde las primeras páginas donde vemos a Geppeto, el padre de Pinocho, librar una pelea con su mejor amigo para obtener el mágico pedazo de madera de donde saldrá su hijo; al final, cuando ambos yacen en el suelo lastimados y con la ropa hecha jirones, se dan la mano y, por una u otra razón, vuelven a la pelea para disculparse nuevamente cuando terminan. Del tono surrealista de la obra se pueden citar escenas completas, como la de Los Negros Conejos de la Muerte amenazando con llevarse a la marioneta por no tomar su medicina, o las apariciones intermitentes de un hada de la que nunca estamos seguros sobre si está muerta, o el fantasma de la conciencia de Pinocho, aquel grillo que la marioneta mata en los primeros capítulos de la novela y que reaparece en las páginas siguientes como una especie de gato de Cheshire, en medio de senderos oscuros o hablando desde las ramas de un árbol.

Para narrar Las aventuras de Pinocho, Collodi le imprimió a su prosa una claridad propia de las escenas de teatro. Están las acciones, la tensión de los diálogos, los derroteros que toma cada personaje con el perfil de apoyo o daño hacia la marioneta. Los capítulos se suceden lineales y con giros en la trama que hacen pensar en los propósitos de enseñanza del autor. Así, contemplamos ávidos las aventuras de un niño de madera cuyo carácter de malcriado lo lleva a realizar tareas desagradables o de una ambición ejemplar; entre las primeras, pasar la noche amarrado en el patio trasero de un granjero actuando como perro; entre las segundas, sembrar su dinero en medio de un campo yermo y esperar que de entre el polvo nazca un árbol cargado de monedas de oro. Pero Pinocho afronta las consecuencias o las resuelve con tareas más arriesgadas aún.

Collodi adecuó las reglas de la Bildungsroman a un mundo donde las buenas costumbres y la obediencia a los padres parecen cosa de locos. En la novela, lo esencial humano trocó en lo sobrenatural, en la excepción, y el amor y la empatía se convirtieron en los signos de los personajes que ayudan a Pinocho en su viaje para convertirse en un niño. Pero nada aquí me parece cursi, al contrario, recién terminé Las aventuras de Pinocho comprendí el amor paternal como asidero en medio de un país donde la hostilidad, la magia y el hambre son los vínculos más comunes con la realidad.

Josué Sánchez

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