Grieta

Doris Lessing 3
La grieta / DEBOLS!LLO, 2014
 

 

“Nadie sabe describir las relaciones humanas con tan asombrosa belleza”.
The Times

 

Grieta. Espacio. Abertura entre dos contundencias. Abismo.

En el principio no fue el verbo… fue la grieta. La grieta que dio origen a las grietas, mujeres primigenias que vivían mitad adentro mitad afuera del mar. Acaso amazonas con cuerpos titánicos más parecidos a los de los mamíferos acuáticos que a la de las modernas féminas. Grietas, ese espacio natural que tienen ellas (¿ellas?) ahí donde nacen las piernas.

Así vivieron durante un tiempo sin nombre. Sólo grietas. Grietas que nacían, que jugaban en los linderos de sus cuevas, que vagaban por la costa, que pescaban y nadaban y flotaban el día entero. En esos tiempos no existía noción alguna del pensamiento, ni de lengua, ni de filosofía, ni de sexualidad. Sólo había grietas. Grietas que daban a luz a más grietas.

El tiempo pasó y en un momento que los historiadores no han podido determinar, muchos miles de años antes de que los eruditos romanos intentaran hacerlo, surgieron los monstruos. Bestias deformes que nacieron de los vientres de las grietas un día, sin más; mutaciones terribles, despreciables. Grietas que no eran grietas porque en lugar de una fina línea al final del vientre contaban con un flácido y caprichoso tubo que se hinchaba de vez en vez, y un saco exterior con un par de duras piedrecillas dentro.

Entonces comenzó un periodo de incertidumbre. Las grietas, asustadas, comenzaron a deshacerse de los monstruos. Subían una colina y los dejaban en una roca. La roca de la muerte. Abandonaban ahí a los niños monstruos que berreaban, anhelantes. Para que murieran de hambre, rodaran por el abismo o fueran ellos (¿ellos?) alimento para las aves.

Pasó el tiempo. Seguramente algunos pocos años. No demasiados.

Entonces las grietas alarmadas por el número creciente de monstruos que surgían de entre sus (¿sus?) entrañas, subieron de nuevo la pendiente, hacia la roca donde posaban a los pequeños monstruos. Se encontraron ahí con las águilas. Vieron lo que éstas hacían con ellos. El horror…

La humanidad surgió de entre las grietas.
 

Ismael Martínez

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