La novia oscura o tratado sobre las mujeres

La novia oscura (Laura Restrepo, 1950) es una novela que hibrida la narración periodística con el relato de lo real maravilloso. Contada a distintas voces y en pequeños capítulos, esta novela toma como pretexto la reconstrucción de la vida de Sayonara (una bella niña-mujer-prostituta del pueblo de La Catunga) para elaborar un retrato íntimo de lo femenino.

Si bien la autora recurre a lo real maravilloso, en su novela crea personajes femeninos complejos con voluntad, convicción y sensibilidad que evita que la narración se vuelva un recuento de clichés sobre el oficio más antiguo del mundo. A partir de conversaciones desparpajadas y jocosas con Todos los santos (matrona y sabia del pueblo) y otros personajes de la novela, la narradora (de oficio periodistíco) va hilando un relato agudo sobre la historia de una y todas las mujeres.

El ejercicio de la prostitución funciona en La novia oscura como una suerte de  espejo, en donde cada uno de los personajes (y el lector) refleja quién es y cómo es. Resulta significativo en la novela que, ante la convicción de Sayonara de convertirse en prostituta o de enamorarse de uno de sus clientes o de casarse de blanco en la iglesia del pueblo, diversos personajes –y la propia narradora– reaccionen con asombro o descalificación, y hagan de Sayonara un personaje entrañable y mítico.

Este “extrañamiento de la realidad” (una mujer decidida y rebelde) permite a Laura Restrepo construir una aguda reflexión sobre la condición de ser mujer en un mundo dominado por el poder adquisitivo de los hombres; sobre el miedo y el goce que produce el cuerpo propio y ajeno; sobre el amor comprado o el amor decidido; sobre la muerte natural o la voluntad de morir; sobre la libertad o el cautiverio y sobre la doble moral o la convicción de ser honesto con uno mismo.

Ante este poderoso universo femenino, no resulta contradictorio que los personajes masculinos no salgan bien parados en la novela. Sacramento y el Payanés, eternos compañeros de trabajo y enamorados de Sayonara, encarnan, sí, el loco amor, la devoción, la admiración y la idealización, pero también la indecisión, el engaño, la mentira, la vergüenza y la cobardía, actitudes que, curiosamente, cruzan a los demás hombres de la novela.

La novia oscura no plantea, así, una lucha de sexos o una cuestión de revanchismos, es una novela que reflexiona sobre la condición femenina. Bajo esta idea, es un gran acierto la analogía que hay entre el esplendor de la American Oil Company en Latinoamérica (telón de fondo de la novela) con el florecimiento y esplendor de la niña-mujer-prostituta, y el detrimento de ésta, con la regulación de las zonas de tolerancia y el matrimonio infeliz (y por conveniencia) de Sayonara.

Laura Restrepo logra que La novia oscura no sea un melodrama tedioso y condenatorio sobre la prostitución. La novela es todo lo contrario, resulta una aguda y amena reflexión sobre lo que significa ser mujer a partir del oficio más antiguo del mundo.

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