La defensa de la novela de Orhan Pamuk

Cuando alguien quiere comenzar a leer, lo primero que se pregunta es con qué novela empezar. Es curioso, pero muy poca gente pregunta por otros géneros como la poesía o el ensayo. A lo mucho preguntan por algo fantástico o por algo histórico. El pensamiento colectivo asocia la literatura, en general, con la novela o el cuento, es decir, con la ficción o con lo que se considera un mundo paralelo e ilusorio.

Independientemente de todo lo que se puede analizar sobre el tema, es un hecho que la novela sigue siendo la forma dominante de la literatura, en algún sentido. De hecho, lo ha sido desde el siglo XIX. Sin embargo, habrá quienes rechazan la novela porque creen que ya no es capaz de representar la época contemporánea o porque creen que es una forma popular de darle al mundo el sentido que no tiene. Algún intelectual dirá, o seguramente ya lo ha dicho, que «la novela ha muerto».

Aunque hay un público para todo, habría que pensar qué tanto podemos negar el poder revolucionario de la novela para mostrar la complejidad de la vida y decir que se ha reducido a un producto de consumo más que muestra una representación estándar de un mundo, un esquema de ficción que mata la imaginación con un lenguaje diluido que se adapta al público.

Orhan Pamuk es un gran defensor de la novela. Para el autor, las novelas son fenómenos, pues nos hacen descubrir segundas vidas o mundos nuevos que se sienten más reales que el nuestro. La ficción no es tanto un mundo paralelo que hay que consumir en la playa con una piña colada, sino una representación que nos hace voltear a ver las cosas reales que hemos dejado de ver por costumbre o rutina. “Las novelas ponen al descubierto los colores y complejidades de nuestras vidas y están llenas de gente, rostros y objetos que queremos reconocer.” (11)

El novelista ingenuo y el sentimental es una compilación de una serie de conferencias que Orhan Pamuk dio en la Universidad de Harvard. Sin embargo, no es un libro académico ni un estudio exhaustivo del tema. En el epílogo, Pamuk dice que el libro está escrito para expresar opiniones sobre el tema, no para explorar argumentos conceptuales o para cuestionar concepciones o terminologías.

En este sentido, es un libro muy personal, un ensayo de la experiencia del autor que ha tenido a lo largo de su “viaje novelístico”. Es una meditación sobre el arte de la novela y su desarrollo como escritor, pero también como lector de grandes novelistas como Tolstoi o Dostoievski, pues él cree que “la mejor forma de estudiar la novela consiste en leer las grandes obras maestras y aspirar a escribir algo parecido”. (142)

El libro no es un tratado, una investigación o un manual, es un viaje personal. Y aunque carezca de pretensiones teóricas, la reflexión sobre la práctica artística aporta mucho a la discusión, pues expone motivos, necesidades y descubrimientos que todos hemos tenido alguna vez. De este modo, el libro está escrito de una manera amena e incluyente para todo público y, a la vez, abarca múltiples temas que definitivamente vale la pena retomar cuando se lea y analice la próxima novela.

Pamuk se pregunta por el verdadero placer de la novela y la necesidad que lleva al lector a querer devorarse un libro. Su respuesta tiene que ver con que el lector busca ver el mundo a través de los ojos de alguien más, de un personaje o de un narrador, por ejemplo. Leer una novela es vivir una historia, pero a la vez es tomar distancia de ella y reconocer la situación propia.

También retoma el ensayo de Schiller en donde habla del poeta o lector ingenuo que cree en la literatura como un medio posible de representar una imagen justa del mundo, y del poeta o lector sentimental que no está seguro de nada, pero que reflexiona y cuestiona todo aquello que percibe y siente.

Pamuk ahonda en torno a nociones generales que han estado en la discusión literaria desde hace mucho tiempo. En este sentido, se suma a la reflexión, asume su postura de defensor y, a la vez, muestra lo que hay detrás de su práctica como novelista, por ejemplo, la relación de la pintura y la escritura o la analogía entre los museos y la novela. Pamuk dice que la novela es capaz de salvaguardar detalles o minucias de la vida que en la realidad no se alcanzarían a percibir o hacer conscientes; también la compara con las vasijas y artefactos de los museos que nos permiten conocer la forma de vida de civilizaciones antiguas.

El novelista ingenuo y el sentimental es un libro para quien tenga la necesidad de conversar sobre la novela y, especialmente, para el lector asiduo de la obra del autor. Del otro lado de la mesa está Orhan Pamuk, dispuesto a dar respuestas o compartir experiencias, pues para él la literatura —y especialmente la novela— son un punto de encuentro, una zona en común en la que todos tienen un lugar.

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