Juan Marsé

De formación autodidacta, trabajó en un taller de joyería hasta 1960, año en que decidió dedicarse de lleno a la literatura. En el marco de las tendencias del realismo social, sus primeras novelas, Encerrados con un solo juguete (1960), y Esta cara de la luna (1962), tratan asuntos relacionados con las consecuencias de la guerra civil sobre la juventud. De 1961 a 1963 vivió en París y escribió algunos guiones para el cine.
Consiguió un resonante éxito con Últimas tardes con Teresa (1965), obra ganadora del premio Biblioteca Breve, en la que construye una brillante sátira de la burguesía barcelonesa sirviéndose de la atractiva figura del Pijoaparte, joven trepador que intenta seducir a una muchacha rica haciéndose pasar por un militante político. Su intención testimonial y de denuncia se plasma en un realismo de corte clásico magistralmente armonizado con nuevas técnicas narrativas y complementado con un empleo de la parodia y la ironía que ha creado escuela entre las nuevas generaciones de escritores.

¿Y en la vida, después, tuvo miedo? “Cuando mi hijo Sascha, que tenía 10 años, se fue al mar con un patín a vela. Lo vimos lejos, haciendo señas; se hundía. Nadé hacia él, lo atraje a la orilla”. El cansancio fue también miedo, ahí estaba Juan mascando lo que pudo haber sido una tragedia. Sascha ahora ha adoptado al niño para quien el abuelo Juan está armando este juguete cuyas partes le llegan cada cierto tiempo por correo. Aquí llega una pieza, en el paquete que le entrega Joaquina. “Supongo que hacer estas cosas me viene de cuando trabajé de joyero siendo un chiquillo”. Es quizá el tiempo que le vuelve a la cara cuando dice adiós desde la puerta y mezcla en su rostro todos los Juanes que hasta ahora ha sido Juan Marsé. Este que dice adiós, en fin, es Juanito Marsé.
(Juan Cruz, El País, 2013)

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