Juan Benet

Publicó Otoño en Madrid hacia 1950 (Debolsillo, 2010), donde trata de su amistad con el escritor Luis Martín Santos. Juntos compartieron vivencias y lecturas y no publicaron sus primeras novelas hasta entrados los años sesenta. Desde que publicó su novela Volverás a Región (Debolsillo, 2009) en 1967, se situó a la cabeza de una de las líneas de ruptura de la narrativa española, superando el realismo social de esos años. La Guerra Civil española constituyó su fuente principal de inspiración narrativa, como queda de manifiesto en la serie de novelas Herrumbrosas lanzas (Debolsillo, 2012) y en su ensayo Qué fue la guerra civil (1976). Le concedieron el Premio Biblioteca Breve 1969 gracias a su novela, Una meditación (Debolsillo, 2009). Uno de los autores más reconocidos de la literatura española, admirado por escritores e intelectuales, recordado entrañablemente como destacado madrileño.
Dice Juan Cruz:
En aquel Otoño en Madrid hacia 1950 Benet recuerda personajes esenciales de su aprendizaje vital e intelectual en la ciudad en la que ahora se le recuerda como uno de sus ciudadanos más originales e ilustres. No hay que perderse ese Benet oral que está en ese libro, aconseja Martínez Sarrión (…). De ese Benet madrileño que visitaba a Baroja y paseaba con Pepín Bello, con García Hortelano o ‘con el torero y conspirador comunista Domingo Dominguín de la dinastía célebre’ hablará también Martínez Sarrión en el memorial que, como homenaje a su compañero, han organizado para esta tarde los ingenieros españoles.
Y Javier Marías:
Benet veía en la música, y si le describía a uno cómo se iba concentrando un ejército al pie de una ladera, al amanecer, mientras sonaban las Metamorfosis de Richard Strauss, uno ya no podía volver a oír esa composición sin imaginarse el lento avance de la caballería para colocarse en formación. Y al escuchar ese vigesimocuarto preludio del Opus 28 de Chopin tocado por el joven prodigio Blechacz, me vi transportado a una tarde en que Benet lo oía insistentemente –poco más de dos minutos cada vez– y me decía con excitación: ‘Mira, esta es la lucha entre el técnico y el sentimental, ¿no la oyes? La mano izquierda es el técnico, que toca imperturbable y monótono, y la derecha es el sentimental, completamente desenfrenado, son puro combate, pura contradicción’.

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