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Invasión Homérica
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Este es un libro que ha desvelado a generaciones de lectores tanto como las ha hecho soñar. Hay quienes lo imaginaron y escribieron a partir de él sin haberlo conocido realmente, como Petrarca quien, para su frustración, poseía un manuscrito pero era incapaz de leer sus caracteres griegos. El poeta francés Pierre de Ronzar fantaseaba con leerlo por completo en tres días, quizá para imitar el tiempo que duraba su recitación en voz de los aedos. Aun quienes desconocen el intrincado linaje incestuoso de la familia olímpica, saben que en este libro se comprueba una antigua sospecha: los dioses pueden ser demasiado humanos.

Este libro es, por supuesto, la Ilíada y es el verdadero “Ídolo de las Cícladas”; y como aquella estatuilla del cuento cortazariano, puede llegar a obsesionar a quien lo tenga en su biblioteca. Una obsesión que no distingue entre vocaciones. Aún hoy los arqueólogos buscan las ruinas del muro troyano y la playa en la que se asentaron las cóncavas naves. En la isla griega de Quíos hay una piedra que, afirman los guías de turistas, es la ruina del lugar en donde Homero se sentaba a declamar durante días.

La obsesión por la Ilíada tampoco distingue fronteras. Cada tanto, se cuenta la anécdota de la llegada de este libro a una tierra lejana; cuando arriba a ese nuevo horizonte —ya sea a lomos de un burro-biblioteca o en forma de una nueva traducción por publicarse— ocurre el milagro de siempre: sus nuevos lectores, aunque habiten lejos del vinoso mediterráneo, reconocen la historia de su gente en ese relato de hijos de dioses enzarzados en combate.

La cuestión de si Homero, este “dios plural” (como lo llamó René Char), existió, fue uno o muchos, era mujer u hombre, sólo fomenta más el encanto milenario de su Ilíada. Simplemente hay que ponerse a pensar que todo lo relatado ahí ya parte de los “tiempos antiguos” cuando los cantaba el poeta ciego. De muchas maneras, estamos más cerca nosotros de Homero que él de los hombres que cruzaron el Ponto para asediar Troya. Hoy ya no queda (ojalá) gente que se declare hija de Zeus o pariente de Poseidón, pero sí muchos homéridas.

Busto de Homero. Mármol, copia romana según un original helenístico del siglo II a. C.

El tema de la Ilíada es marcial, lo que es decir que es masculino y testarudo: la ira de Aquiles quien se siente agravado cuando su comandante, Menelao, le niega su “meritorio botín”, una mujer, la hermosa Briseida. Su negativa a participar en la guerra de Troya, que lleva ya diez años, precipitará a muchos al abismo y a convertirse en carroña de aves y perros. Esto se dice en el inicio más emblemático de la literatura universal: un hombre y su ira darán paso a un relato rico en desmembramientos, hemorragias externas e internas, huesos rotos y tendones rebanados. Los dioses, partícipes y testigos de la masacre, se limitan a empeorarlo todo. La Ilíada es pues un poema sobre la muerte y la gloria, sobre el enojo y el honor hombruno. Hay algo que Homero pone siempre en primer plano y que no deja de ser conflictivo (sobre todo hoy): la guerra es hermosa porque es brutal.

Y aun así, los momentos de grandeza de este poema sobresalen de entre toda la sangre y la violencia, cuando se abre un espacio para la compasión y las lágrimas, el perdón y los funerales. No por nada el personaje favorito de muchos no es el protagonista, sino su enemigo, Héctor, un héroe que no pelea por los laureles del combate sino por su familia. Cosas de la épica: el único que canta en el poema además del propio Homero es Aquiles, diestro en la espada y en el forminge, esa guitarra extraña que quién sabe cuáles escalas y modos habrá tocado.

Aquiles mata a Héctor, por Peter Paul Rubens.

Este libro infinito sigue produciendo sueños y nuevos desvelos: ¿Aquiles era de piel oscura? ¿Y las historias de todas esas mujeres silenciadas tras las murallas, que hasta ahora no eran sino trofeos de guerra? ¿Debemos seguir leyendo la épica homérica con la misma jovialidad que el poeta le imprime a la muerte y la guerra? La invasión homérica a nuestras playas no ha terminado.

PD1: Se termina junio y se termina la primera parte de #Homero2019, la lectura colectiva de la Ilíada que convocó a lectores del mundo hispanohablante para leer, semana a semana, los 24 capítulos del poema homérico. Sin los rigores de la lectura académica o filológica, #Homero2019 revivió la vieja emoción de leer junto a otros la cólera de Aquiles. Esta versión de Penguin Clásicos, con traducción y notas a cargo de Fernando Gutiérrez y Pere Güell, se suma al amplio legado de la poesía homérica en español.

PD2: La invasión griega de 2019 no ha terminado en México. Además de adaptaciones teatrales de Edipo de Sófocles, La Orestíada de Esquilo y Medea de Eurípides, ¿qué sigue ahora? Dentro de dos semanas, la lectura colectiva de #Homero2019 continúa y va rumbo a Ítaca, esta vez con la Odisea. Los Clásicos de Penguin estarán ahí.

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