Hugo Claus

En 1948 comenzó su actividad como pintor de la vanguardia europea con el mítico grupo internacional COBRA. Vivió en París con los surrealistas, luego en Italia y muchos otros países. En 1959 realizó su primer viaje a Estados Unidos junto a Ítalo Calvino, Claude Simon y Fernando Arrabal, entre otros, durante el cual escribió el guion de cine El cuchillo (1961). Este polifacético artista, conocido como el Céline flamenco, es autor de obras teatrales, libros de poesía, varias películas y decenas de novelas, entre las que destacan El asombro (1962), El deseo (1978), La pena de Bélgica (Debolsillo, 2011), Una dulce destrucción (1988) y Belladona (1994). Recibió numerosos galardones, como el Premio Europeo de Literatura en 1998, el Premio Pasolini, otorgado en 1997 por un jurado internacional como tributo al conjunto de su carrera artística, y el Premio de las Letras Neerlandesas de 1986, el reconocimiento más alto que puede obtener un autor de esta lengua. Su obra está profundamente marcada por la búsqueda de la libertad del hombre y la superación de las cadenas que imponen la burguesía y las instituciones. Eterno candidato al Nobel, Claus murió en 2008 al serle practicada la eutanasia que él mismo había pedido al caer enfermo de Alzheimer.
Para Claus, lo escritores poseen ciertas cualidades de visionarios:

Si miramos desde muy cerca las cosas resultan mucho más sorprendentes de lo que parecen. Y cuando uno escribe, sobre todo si escribe de una forma poética, de pronto se producen algunas correspondencias entre lo que se escribe y lo que luego ocurre.(…) Es posible que yo también tenga algo de visionario, no está mal, de esta forma puedo escribir las tonterías que me dé la gana, probablemente más tarde ocurran en la realidad como los terribles casos de mafia y corrupción política que tuvieron lugar en Bélgica.

Es recurrente en su obra la estética del mal como hilo conductor de sus narraciones pues considera que vivimos en una época eminentemente cruel. «La realidad cotidiana nos proporciona constantes y atroces ejemplos, algunos realmente inimaginables. El mal es una fuerza vital contra la que hay que estar permanentemente en guardia: es un virus que lo impregna todo.»

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