Gustavo Martín Garzo

Su primera novela Luz no usada fue publicada en 1986. En 1993 con El lenguaje de las fuentes se hizo acreedor al Premio Nacional de Narrativa al que siguieron el Premio Miguel Delibes por su novela Marea oculta. En 1996 apareció La vida nueva y en 1999 recibió el Premio Nadal por Las historias de Marta y Fernando. También escribe obra infantil.
En su novela Y que se duerma el mar (Lumen, 2012) el autor relata la historia de la joven María que parece una niña común. Viste una túnica liviana que adorna su cuerpo hermoso y esconde el brazo derecho mutilado. José, un carpintero viudo, se le acerca un día sin dar importancia a su defecto físico porque en la mirada de María el hombre intuye que será el testigo de un evento ajeno a su realidad y, sin embargo, tan real como la tierra, el fuego y el cielo que le han tocado en suerte. Dice al autor en entrevista acerca de esta novela:

Cada lector encuentra en el libro algo que tiene que ver con él. Entonces, cada lector hace el libro a su medida. Uno va buscando en los libros aquello que vaya alimentando su propia vida, sus propias obsesiones. Este libro en el fondo vive de ese mundo de las viejas historias, de los antiguos relatos, de esas historias esenciales que han acompañado al hombre desde el origen de los tiempos, y que algo deben tener cuando se han conservado en la memoria tras generaciones, pasando de boca en boca de unas a otras como algo muy valioso. Pero el poder de estas historias precisamente está en que no pasan de moda, sino que siguen atrayendo y diciendo cosas a los hombres. Ese es el poder de los clásicos, de adquirir nuevos sentidos en función de quien sea el lector.

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