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ESQUIZOFRENIA Y DESESPERANZA: PENSAR MEDIO ORIENTE
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Entrevista con Maruan Soto Antaki[i]

 Alejandro García Abreu: “En el siglo VII una lengua dio origen a la identidad árabe. En el año 611 iniciaron las primeras prédicas coránicas y a mediados del 622 —con la migración de musulmanes de La Meca a Medina, hoy ciudades a poco más de trecientos kilómetros de distancia— comenzó la era islámica, diez años antes de la muerte del profeta Mahoma”, planteas en Pensar Medio Oriente.

Maruan Soto Antaki: La era islámica se fecha a fuerza de calendario. Es el inicio de catorce siglos de una historia que sigue apareciendo en las noticias. En Pensar Medio Oriente intento compartir herramientas que ayuden a no sólo conocer esa parte del mundo, sino a reflexionar sobre ella. Sobre sus triunfos y fracasos, sobre sus conflictos y futuros. Medio Oriente no es sólo lo musulmán. En mi casa, querido Alejandro, se decía que “para entendernos a los árabes hay que hacerlo a partir del lenguaje”. La identidad nace ahí, es producto de algo que la opinocracia —ahora el mundo está lleno de arabólogos que nunca han pisado un país árabe— parece olvidar al referirnos a una parte del mundo que nos llega con la tragedia, con las guerras, las dictaduras y el fanatismo religioso. Se asume que lo árabe es lo islámico, los camellos, el café o la comida —los pastelitos con dátil—, las mujeres cubiertas y los imanes. Se trata de algo más profundo e intangible. Cuando el profeta Mahoma —le vamos a decir Mahoma a Muhammad, la castellanización es válida— predica en el siglo VII no existía esa unidad árabe o islámica. Existían tribus que hablaban los dialectos prearábigos, que eran parecidos entre sí, no iguales. Como todas las religiones, el islam surge por la necesidad de unificar grupos y territorios separados. Mahoma toma uno de esos dialectos para darle el carácter literario a una lengua con la que se propagará su palabra y se escribirá el Corán. Estamos hablando de un idioma establecido para que los habitantes de una región comprendieran una serie de reglas impuestas por la necesidad de convivencia. Pasa el tiempo, los musulmanes crean un imperio, la zona habló árabe: el islamismo y el arabismo terminan íntimamente ligados hasta el punto en que lo árabe no es sólo una cultura o las cosas que te dije antes, es la identidad. La lengua hace que las creencias de esa parte del mundo se encuentren en el idioma. Hay árabes judíos, árabes cristianos y árabes musulmanes. En todos nosotros, la identidad tiene el mismo origen, que sobrepasa las fronteras de la doctrina.

AGA: Recurres a múltiples menciones sobre el temor: “El niño palestino tiene miedo. También el israelí que se refugia bajo los brazos de su padre en Tel Aviv, cuando Hamás dispara misiles. Las víctimas de Boko Haram no son ajenas al pavor. El migrante que cruza el Río Grande, observado por rangers armados, siente miedo. El violento que lo centra en su mirilla es parecido a la víctima. El chico acosado en la escuela. El acosador. La lista es larga…”.

MSA: El terrorismo en Medio Oriente es una enfermedad crónica. Es un cáncer que ha hecho metástasis y se alimenta de la fragilidad humana, del miedo. Una de nuestras emociones más auténticas, tal vez la más democrática. Tiene la capacidad de hospedarse en todos los sectores a partir de sus propias condiciones. Por eso el terrorismo es eficaz, saca lo más primario de nuestra especie. Rompe con las nociones de otredad que permiten el conjunto. Vemos el triunfo del miedo al interior de la guerra civil siria, en la torpeza de la paz entre Palestina e Israel, en la xenofobia de Europa dirigida a los refugiados. El miedo se ha convertido en el motor del mundo. Tras los últimos atentados en París, cuando ocurrió la matanza del Bataclán, Salman Rushdie declaró: “La única forma de vencer al terrorismo es no aterrorizarse”. Vaya paradoja contemporánea. ¿Cómo hacemos para que el miedo deje de ser el alimento del odio, para ir contra nuestra naturaleza primitiva? Sólo se me ocurre una forma, aprovechando la capacidad más maravillosa de nuestra especie: la posibilidad de pensar. Para pensar necesitamos establecer bases comunes que inciten al diálogo, siempre y cuando éste pueda existir. No tienes idea lo complicado que es convencerse de esto cuando se te cierra la garganta al ver lo que ha pasado en Siria estos cinco años.

AGA: Planteaste que Siria no es sólo Siria, es el reflejo de Medio Oriente.

MSA: Dediqué una parte de Pensar Medio Oriente a Siria, no sólo por la recurrencia en las noticias o mi propia cercanía a ese país. Tiene más que ver con esas piezas móviles que mencioné. Tras la muerte de Mahoma, como explico en el libro, le sucedieron los cuatro califas ortodoxos que aceptan las dos grandes vertientes del Islam. Osman, el tercero —bajo quien se reunió el Corán—, entendió que el control de Siria le permitiría hacer del Islam un imperio. Siria no es un territorio rico, nunca ha sido un país petrolero, pero estaba en el lugar perfecto. Por su tierra pasaron Alejandro Magno, los romanos, los griegos, las cruzadas, los bizantinos. Es el punto de encuentro e inflexión de Medio Oriente; su posesión es la posibilidad de control regional. La Historia con mayúscula. Las posibilidades de ese control regional desde el siglo vii son las que se disputaron entre las grandes potencias en el xix, después en 1956 y 1957, más tarde en 1973. Siria es la reunión de los problemas, la caída del Imperio Otomano, el refugio del genocidio armenio, el avance de la ideología panárabe que una vez reunió a Egipto con Siria en un solo país. Es el establecimiento del progresismo ideológico de la mayor organización política árabe, el partido Baath, en Siria e Irak.

[i] Fragmento de “Esquizofrenia y desesperanza: Pensar Medio Oriente. Entrevista con Maruan Soto Antaki”, conversación que el autor de origen sirio sostuvo con el ensayista y editor Alejandro García Abreu para la revista Nexos. La entrevista completa está en http://www.nexos.com.mx/?p=28216

Maruan Soto Antaki Pensar Medio Oriente

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