Thriller literario y apasionante

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La hora de las sombras / Mondadori, 2010

Pocos términos en inglés han tenido tanto éxito entre los lectores como el de thriller. Aunque en su acepción original sólo correspondía a la novela de espionaje, de acuerdo con el máximo teórico de este subgénero, Graham Greene, ahora ha sido adoptado con singular entusiasmo por todo el mundo –editores, libreros, medios de comunicación y lectores– para designar a la novela criminal, policiaca, negra, o como guste llamársele en idioma español. Así que ahora cualquier novela del género es un thriller.

Pero, ¿qué hace que un thriller sea una obra de arte? ¿Cuándo una novela criminal se eleva por encima de los estándares y alcanza la excelencia literaria? Estas preguntas seguramente sólo se las plantean los lectores exigentes, quienes desconfían de la inmensa oferta con que se topan en todos los puntos de venta de libros. Pero al lado de ellos también están los lectores aficionados al género, a quienes por lo común no les preocupa ese dilema y sólo miden la calidad de una novela con el rasero del suspenso que les transmite y la forma absorbente en que se sostiene la intriga hasta el desenlace (algunos agregarían la violencia y quizás también la truculencia).

Entre estos dos tipos de lector, el estricto literario y el apasionado del género, se debate la propuesta actual de thrillers, al grado de que sólo muy pocos títulos y autores satisfacen las expectativas de ambos. Un feliz ejemplo lo constituye La hora de las sombras de Johan Theorin, publicado en México en noviembre de 2011, dentro de la colección Literatura Mondadori.

Se trata de la primera novela de este autor sueco, nacido en Gotemburgo en 1963, la cual forma parte de una serie que tiene el título general de El cuarteto de Öland. Como proyecto esta tetralogía es muy ambiciosa, pues todas sus largas historias giran en torno a la isla de Öland en el mar Báltico y corresponden a las cuatro estaciones del año tal y como se manifiestan en aquella región donde el autor pasó su infancia bebiendo la atmósfera misteriosa del lugar y los relatos legendarios de sus pobladores. “La hora de las sombras”, explica Theorin, “es el localismo con el que antiguamente se referían al crepúsculo en Öland y Smäland.’Sentarse a la hora de las sombras’ significa sentarse a contar historias al caer la noche”.

La novela se inicia precisamente en ese momento enigmático, durante el cual emergen las siluetas oscuras. Su primera escena se remonta al verano de 1972, cuando Jens Davidsson, un niño de seis años, aprovecha la ausencia de su madre y la distracción de su abuelo para ir solo a la playa a explorar un territorio desconocido. Ahí, envuelto por la niebla del verano, se tropieza con un hombre alto y ancho. El narrador desde el principio le pone nombre, Nils Kant, sobre quien pronto sabremos los pormenores: es un asesino bien conocido en la región y quien años atrás ha desaparecido. También sobre él habrá flashbacks, remontándose el primero a su infancia (1936), como si se tratase del alter ego del pequeño Jens.

Mientras tanto, en el tiempo presente, a mediados de la década de los noventa, Gerlof Davidsson, el abuelo, llama a su hija Julia, la madre del pequeño, para que viaje a la isla: ha recibido un paquete anónimo que contiene uno de los zapatos que el niño calzaba el día de su desaparición. A partir de la llegada de Julia, una mujer abandonada por su marido, que sufre el tormento de no saber si su hijo murió (a diferencia del lector, ella ignora que el niño se encontró con un asesino), la historia avanza poco a poco, como el propio caer de la noche. Es aquí, en el ritmo narrativo, donde brilla más el talento del novelista sueco: no es vertiginoso, como muchos otros autores del género, pero si va encadenando con habilidad no exenta de poesía cada una de las piezas psicológicas de este misterio que encuentra su resolución a través de los fantasmas del pasado.

A diferencia de tantas otras novelas policiacas actuales, aquí no hay un detective oficial; las autoridades investigaron durante un año el caso y lo archivaron como “desaparición inexplicable, sin cadáver”. Es el propio Gerlof quien se erige en investigador y a pesar de las dificultades inherentes a su avanzada edad logra llegar hasta el verdadero asesino de su nieto, poniendo al descubierto una antigua historia de corrupción empresarial y muerte.

Hay muchas cosas más en esta gran novela, como el papel que juega dentro de la trama el lapiaz, esa enorme extensión de rocas acanaladas sobre las playas de Öland, donde los asesinos se esconden y cometen sus crímenes, como aquel que perpetra en 1945, durante la guerra, Nils Kant. También está el apéndice fotográfico del autor, en el cual aparece desde “la hora de las sombras” sobre el mar hasta el de niño con su abuelo, la iglesia y el cementerio de Ölland; algo insólito, pero que sin duda funciona como colofón artístico a un relato apasionante.

Johan Theorin está más allá de la moda del thriller escandinavo, aunque los ecos del mejor Henning Mankell resuenan en su obra. También La hora de las sombras se tiene varios puntos de contacto con otro estupendo thriller sueco, Hablaré cuando esté muerto de Anna Jansson (Grijalbo 2010), en la cual la víctima es también un niño y el escenario donde ocurre es otra isla del Báltico, Gotland.

Penguin Random House ya ha publicado otras dos novelas que forman parte de El cuarteto de Öland: La tormenta de nieve (2011) y La marca de sangre (2012). La cuarta novela de la serie, El último verano en la isla, aparecerá en junio de este año. Nuestro grupo también ha publicado otra novela de Johan Theorin dentro de la colección Roja y Negra: El guardián de los niños (2012).

Ariel Rosales

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