Entre Pulitzers te veas

“La verdad existe sólo como la lucha
entre alumbramiento y ocultación,
en la interacción de mundo y tierra.”
El origen de la obra de arte, Martin Heidegger

Algunas grandes escritoras ganadoras del Pulitzer en ficción son Edith Wharton, la maravillosa Harper Lee, Toni Morrison y Jhumpa Lahiri. Ahora el turno fue de Donna Tartt. Con El jilguero, Tartt demuestra que la escritura es un proceso de pensamiento, de construcción pausada. Tras once años de haber publicado su última novela, Juego de niños, la autora regresa con esta gran obra de lenguaje accesible y de personajes complejos, como nosotros.

“Me encontraba aún en Ámsterdam cuando soñé con mi madre por primera vez en mucho tiempo.” Así inicia la novela de más de mil páginas cuya lectura uno no podrá obviar ni soltar hasta llegar al final: Theo, un niño de 13 años, se encuentra con su madre en el Metropolitan Museum of Art cuando un ataque terrorista acaba con la vida de ella. Él se encuentra al lado de un anciano que le otorga un anillo que debe devolver a Hobie, un anticuario, y le pide de manera solícita que salve el cuadro de Fabritius: El jilguero. Y es a raíz de este acto, inconsciente, que la vida de Theo toma un giro que lo llevará al inicio: a Ámsterdam.

Y en ese juego de luz y sombra Donna Tartt es un personaje extraño en sí: con mirada enigmática, con una presencia sólida por lo que puede apreciarse en las pocas fotografías que hay de ella, con una pluma que alumbra y oculta con destreza los caminos que el lector debe seguir. Pero Tartt nunca podría ser Theo. Él se deja llevar por la vida, un poco como Ryder, el personaje de Los inconsolables de Ishiguro. Permitiendo que la vida lo mueva por vericuetos insondables donde él no participa activamente. Un personaje pasivo en ese sentido. Un personaje donde el motor de vida es la vida misma. Y la memoria, el duelo, la pérdida. Por el contrario, la escritora se aleja de la participación: “Aprendí pronto que yo no estaba hecha para el público literario, demasiado ruido, demasiado chismorreo”, dice en una entrevista, porque para ella “la ficción nos enseña más acerca de la vida que un tratado de filosofía moral, una pintura, una composición musical o cualquier otra forma artística.” Ahí radica su magia.

El jilguero se ha calificado como obra magistral, LA obra del siglo XXI. Sin embargo, no todas las críticas han sido tan elogiosas. A pesar de los miles de ejemplares que ya ha vendido, James Wood, por ejemplo, la califica de una novela infantil. Pero… como siempre, la única manera de estar a favor o en contra de la obra es leyéndola.

Yo, por mi parte, estoy a favor.

Fernanda Álvarez

Otros textos de Redacción Langosta

Poetizando a Coetzee

El maestro de Petersburgo / Debolsillo, 2014 Como dice Alejandra Pizarnik, alejandra...
Leer más