En la piel del otro

gillianflynn
Perdida / Mondadori, 2013

Por recomendación de un artículo titulado “Mujeres perversas”, que encontré en la revista El País Semanal, me interesé por tener en mis manos Perdida, novela escrita por la estadounidense Gillian Flynn, presentada como todo un bestseller. Aquel texto me antojó su lectura, que apostaba por convertirse en una adicción y que me hizo imaginar el encuentro con el lado oscuro de la feminidad.

Leí dos veces la novela, y en ambas me dejó sentimientos encontrados. La primera vez que consulté el texto tuve compasión por la protagonista; me identifiqué con su causa, experimenté como propios los agravios contra ella, llegué a despreciar a su pareja tanto como a la propia autora, porque creí que ésta defendía y justificaba al macho que espera encontrar una “esposa perfecta” y, al no conseguirla, la reemplaza.

En la segunda lectura descubrí que nada era lo que parecía, que es muy fácil dejarte atrapar por los prejuicios, creer que hay buenos y malos, pensar que las mujeres estamos destinadas a sufrir porque así nos educaron y que los hombres son unos cabrones por intentar obtener su felicidad a cualquier precio. Pero Flynn me dejó claro que también hay mujeres altamente letales y perversas, que si la vida y las personas que las rodean no cumplen con sus expectativas, se la cobran muy caro y que, igualmente, hay hombres que caen en su juego. Porque, en ocasiones se intercambian los papeles; se rompen los estereotipos y nuestra naturaleza humana queda a flor de piel.

La narración de Flynn me llevó a sentir los límites de las mentiras y traiciones que mueven no sólo al matrimonio de Amy Elliott Dunne y Nick Dunne, el cual dista de ser perfecto y al que entiendes mejor si has estado en una situación similar: si te encuentras en el desgaste de una relación, atrapado por tus miedos y no asimilas que si no le pones punto final tendrás que asumir las consecuencias; porque seguro te identificarás con las miserias de los otros.

Perdida me dejó dos preguntas: ¿Será que al iniciar una relación nos enamoramos de una mentira, de lo que queremos y creemos sentir; que una vez pasada la adrenalina en la búsqueda de nuestra felicidad, nuestro egoísmo no nos permite ponernos en la piel del otro? O bien: ¿Cuánta mierda estamos dispuestos a tragar por nuestra codependencia y el miedo a la soledad?

Aída Castro

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