Un día las vallas caerán y todos viviremos juntos… o no…

Yishai
El poeta de Gaza / Mondadori, 2013
 

Escrita en 2009 y traducida del hebreo al español en 2013, el título original de El poeta de Gaza –segunda novela del escritor israelí Yishai Sarid– es Limassol, nombre de la segunda ciudad más importante de Chipre y –qué conveniente–, territorio neutral hacia donde viajan los personajes al acercarse el final de la historia. Pero no vayamos tan rápido. Sería preciso primero situarnos entre la Franja de Gaza, Tel Aviv y la pequeña isla de Chipre para darnos una idea de donde transcurre esta historia: una de las regiones más conflictivas del planeta, una zona de carácter bíblico y disputada desde hace años por palestinos e israelís.

Esa misma disputa es la que el autor –sin defender una postura radical, siendo él israelí– utiliza para construir los personajes de El poeta de Gaza, quienes a pesar del conflicto político-religioso crean vínculos de familiaridad que desdibujan una posible lectura maniquea del relato y, sobre todo, no permiten revelar antes de tiempo adónde los conducirán sus –¿buenas o malas?– decisiones, lo que te obliga a llegar hasta el final de la novela.

Así, entre poetas, supuestos novelistas, agentes de la secretaría de seguridad, coches bomba, refugiados políticos, atentados terroristas, torturas, detenciones, interrogatorios, inmolaciones, explosiones en la vía pública… y una operación secreta, se van tejiendo las complicidades que desencadenan una relación sui generis entre los implicados y testigos de la investigación que nos relata Sarid.

El poeta de Gaza es una muestra de lo que un conflicto como el palestino-israelí es capaz de provocar en las personas, al obligarlas a tomar ciertas decisiones, incluso si se alejan o cuestionan sus convicciones más arraigadas. Porque donde hay crisis y nada parece justificar tanta violencia, lo que ocurre es que se desdibujan los límites morales –o al menos eso que se espera que sea bueno o malo–, y entonces cualquier acción, lealtad y vínculo es posible.

Y sí, quizá también –como dice la protagonista de la historia– algún día las vallas caigan… porque tal vez algún día ya no haya manera de justificarlas, o quizá simplemente se construyan unas nuevas…

 

Teri Yakimoto

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