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El vampiro que no chupa sangre: el de la colonia Roma
Diana Sánchez comment 0 Comentarios

No te dejes engañar por el título de este libro, pues sí habla de un vampiro, pero no de los que te imaginas. Éste es uno al que si bien el sol no le hace nada, prefiere la noche; uno que sí puede verse reflejado en el espejo; uno que no chupa sangre, pero sí otras cosas. Ése es Adonis, el vampiro de la colonia Roma; el que sale en busca de víctimas (clientes) todas las noches ahí por la calzada de Tlalpan, por el Sanborns de Insurgentes, o por las cercanías de la colonia Roma.

Ambientada en la Ciudad de México de finales de los años setenta, esta novela narra la vida de Adonis (mejor dicho, Adonis narra su vida en esta novela), un hombre que desde pequeño descubrió que lo suyo no son las chichis y la vagina, sino el pene y otros atractivos masculinos, o en sus palabras:

“y entonces yo veía una vieja y siempre me imaginaba que algún cuate estaba cogiendo con ella ¿no?     me los imaginaba cogiendo a los dos ¿verdad?    hasta que un día me empezó a interesar más la figura del chavo que estaba cogiéndose a la vieja y ya pensaba más en él      y entonces así me venía      yo creo que desde entonces mandé a las viejas a la verga       o no      más bien yo me mandé a la verga ¿verdad?”

La re-presentación del vampiro

En estos tiempos mucho se debate sobre el lenguaje inclusivo y si el “masculino genérico” ya es deficiente para referirse a un grupo de personas independientemente de su identidad sexual. Pero quienes discuten esto olvidan algo muy importante: el lenguaje es representación (en el sentido de volver-a-presentar) y lo que no se nombra no existe. Y, por otra parte, el lenguaje no pertenece a la RAE ni a las instituciones, sino a sus hablantes.

En este sentido, Luis Zapata da voz a un sector de la sociedad mexicana que hasta entonces había sido ignorado, que no había sido re-presentado, que no tenía cabida en la sociedad, y mucho menos en la literatura: al de la comunidad gay.

Da voz en el aspecto simbólico al retratar a una parte de esta comunidad, pero también literal, pues el autor decidió hacer caso omiso del típico consejo que dan todos los profesores de literatura de “no escribir como hablas” y reproducir la voz de Adonis, sin puntos ni comas, sin más pausas que las que la propia lectura da con espacios vacíos, como las pausas que haces cuando hablas, porque el lenguaje es de los hablantes:

“mi hermano en esa época estaba viviendo con una loca que trabajaba en el teatro blanquita en las coreografías ¿no?    en los bailes      y eso que mi hermano era es buga para que veas adónde nos lleva la vida a veces        bueno      no buga buga       ¿quién es totalmente buga?  nadie ¿verdad?       cualquiera tiene un pasado que ocultar     o por lo menos lo ha soñado     lo ha pensado             ahora él está casado y tiene dos niños ¿ves?”

Su lenguaje también refleja la jerga de la comunidad gay, refiriéndose a vergas, pitos, bugas (hombres heterosexuales), locas (travestis) y taloneo (el bello arte de vender el cuerpo), palabras que siguen usándose y por las que el libro parece actual, aun a 40 años de haberse publicado.

‘El Nueve’, un bar y centro cultural para la comunidad LGBT+ en los ochenta. Fuente: revistareplicante.com

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Sin embargo, existen elementos que nos recuerdan los años en los que vivió Adonis: aquellos en los que el VIH ni siquiera se conocía y en los que su máxima preocupación era contagiarse de gonorrea o alguna ETS “menor” y el condón no era tema de conversación.

“y siempre que lo veía cogíamos con el preservativo puesto     pero era una lata   es una lata   si eres activo es muy incómodo porque el pito te está escurriendo a cada rato   y   si eres pasivo   es peor porque la cosa esa se adhiere y te hace pedazos el pobre culo          es horrible eso del preservativo    no se debe usar entre hombres”.

Así, como si fuera una entrevista grabada en cintas, el autor nos transporta a una época en la que la comunidad gay era más estigmatizada de lo que es ahora, pero que comenzaba a rebelarse y a reclamar su lugar en la sociedad. Nos mueve a esos años en que hablar de sexo era aún un tabú, y más de sexo entre homosexuales. Y nos muestra algo que siempre ha existido y existirá, porque por más que las buenas consciencias y el Frente Nacional por la Familia intenten callarlo u ocultarlo, siempre existirán hombres de “familia” que vayan a darse una vuelta de vez en cuando a Tlalpan para disfrutar las mieles de otros hombres.

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