El totalitarismo de los cerdos

La granja Manor, en algún lugar de Inglaterra, tenía, como cualquier granja, cerdos, vacas, caballos, gallinas, perros, ovejas. También tenía un dueño, el señor Jones, quien vivía de ella: cuidaba a los animales, los alimentaba, y administraba el lugar. En ocasiones algún animal era engordado y se le utilizaba para la alimentación de Jones y su familia o como recurso para obtener lana, para la labranza de la tierra, obtener leche, etc. Sin embargo, la granja Manor era diferente a las otras: los animales que en ella vivían no estaban del todo conformes con la administración de su amo. Tampoco estaban de acuerdo con llamarlo así (amo) ni con servirle, ni con trabajar para que los humanos disfrutaran de una vida plácida mientras ellos sufrían jornadas extenuantes. Comenzaban a pensar que los humanos eran algo que sobraba en aquel lugar. Tal vez la granja funcionaría mejor si los hombres no estuvieran, si los animales tomaran el mando. Esa era la idea que el Mayor, un cerdo grande y viejo, propuso en el granero.

Las propuestas de Mayor fueron condensadas por un grupo de cerdos, que se convirtieron en una especie de líderes entre los animales y, tras la muerte del viejo pensador, formaron una doctrina que llamaron “animalismo”.

Jones dejó de ser un buen administrador y la granja comenzó a ser menos productiva. Los animales, al poco tiempo, comenzaron a estar desatendidos: hubo momentos en los que no fueron alimentados. En una de esas ocasiones, sin siquiera planearlo, los animales se lanzaron contra los humanos de la granja: los atacaron y expulsaron de la propiedad. Ahora estaban a cargo de los productos y de todo lo que representaba la granja Manor. Casi sin darse cuenta habían tomado el control y eran libres de la opresión de los humanos. El “animalismo” había triunfado. Ahora habitarían en La Granja Animal.

A primera vista todo era una maravilla: los animales se asignaron trabajos de acuerdo a sus capacidades, los cerdos seguían siendo los líderes de facto y los caballos seguían siendo la fuerza de trabajo más grande. Ninguna decisión sería tomada sin la aprobación de todos los animales. Se había alcanzado la utopía.

Pero no fue tan fácil. El trabajo debía ser equitativo entre los animales, pero los cerdos se veían beneficiados porque, como su ocupación era intelectual y la administración era su responsabilidad, debían recibir mejores raciones y espacios para dormir. Los caballos cada vez trabajaban más duro convencidos de que los cerdos eran quienes tenían razón, que si ellos tomaban una decisión, seguramente era la correcta. La Granja Animal se convirtió en el totalitarismo de los cerdos. Ningún animal podía pensar en contra de ellos o su vida corría peligro.

Rebelión en la granja fue escrita por George Orwell durante la segunda guerra mundial. El texto no vio la luz sino hasta que el conflicto terminó; fue censurado por la prensa, no por el Estado. En esta obra, Orwell critica el origen del régimen comunista en la URSS en una época en la que Gran Bretaña experimentaba una suerte de ciega admiración por el régimen de Stalin. Ese fue el motivo de la censura. Este libro satiriza la Revolución Rusa y al líder soviético, comparándolo con un cerdo grande y por demás violento; el ejército rojo es representado por nueve perros, el pueblo ruso es visto como un grupo de ovejas, los bolcheviques como ratas y los obreros como un caballo incapaz de razonar y obediente hasta el final.

La prosa de Orwell es tan ligera y fluida que resulta sumamente sencillo comprender los mensajes entrelineas. Es un texto plagado de ironía, lleno de situaciones que pueden conducir a la risa de tan terribles que son. Rebelión en la granja es una obra fundamental para el siglo XX, tanto para la literatura como para la historia y la crítica política.

 

 

Reseña del libro: Rebelión en la granja, George Orwell, Debolsillo, 2013.

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