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El silencio de los corderos o de la infancia perdida
Fernando Lucio Escalera comment 0 Comentarios

El icónico y galardonado filme de 1991, El silencio de los inocentes, dirigido por Jonathan Demme, nos regaló a uno de los villanos más representativos en la historia del séptimo arte: el metódico doctor Hannibal Lecter, asesino serial y caníbal llevado a la pantalla por el magnífico Anthony Hopkins. Asimismo, la gran actuación de Jodie Foster en el papel de la detective Clarice Starling le valió a la actriz el Premio Óscar a la mejor interpretación femenina en 1992. Esta película se convirtió en un clásico del horror psicológico al igual que del misterio policíaco.

Pero ninguno de nosotros tendría el privilegio de conocer esta historia si no fuera por el novelista Thomas Harris, cuyo libro, El silencio de los corderos, inspiró dicho trabajo cinematográfico. 

Publicado en 1988, The silence of the Lambs, (título original) nos cuenta la historia de la aspirante a detective del FBI Clarice Starling, una joven atractiva, con una determinación envidiable, que lucha por posicionarse en este buró de investigación. 

La situación de Clarice es de mucha presión, pues a lo largo del texto, varias veces es expuesta a momentos aberrantes por parte de hombres que tratan de abusar de ella debido a su género; la creen incapaz o débil por ser mujer, y sabe lo que los demás ven en su persona. Sin embargo, gracias a sus capacidades de deducción, investigación y su estoicismo, Clarice rápidamente es tomada en cuenta para casos difíciles. 

Mientras tanto, diversos asesinatos de mujeres llevan tiempo sin ser resueltos. El feminicida es apodado “Buffalo Bill”, una mujer atrapada en el cuerpo de un hombre, o por lo menos eso cree él. A sus víctimas les arranca piel para hacerse un traje de mujer, además, les introduce en la garganta pequeños capullos de polilla; Erebus odora. La policía no tiene pistas y los cuerpos siguen apareciendo. 

Cuando “Buffalo Bill” secuestra a Catherine Baker Martin, hija de la respetada senadora Ruth Martin, el FBI recurre a sus mejores elementos. Clarice es incluida en el caso y, en un principio, utilizada para interrogar a la única persona que podría ayudar a resolverlo, un eminente psiquiatra forense, a la vez asesino serial y caníbal: el doctor Hannibal Lecter.

A través de diversas entrevistas, charlas y pistas reveladas poco a poco por el asesino a Clarice, ésta comienza una carrera a contrarreloj para hallar con vida a Catherine y consolidarse como una figura dentro de este servicio de seguridad norteamericano, pero tendrá que enfrentar a la legión de demonios del pasado y de inocencia perdida que Lecter sabe cómo alebrestar en ella.

Una lectura ágil, dividida en pequeños capítulos que cuentan una situación impactante tras otra. Es como estar leyendo fragmentos de Criminal Minds o Law & Order. Viajar en la mente de Clarice, descubrir las motivaciones de “Buffalo Bill” y ahondar en las cuidadosamente retorcidas intenciones de Lecter, provocan que el libro pocas veces abandone nuestras manos hasta no haberlo terminado.

Un libro cautivante. 

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