El cantar de nuestros temores

“La realidad suele ser más cruel y minuciosa que los diccionarios”, dice Ariel Dorfman al iniciar uno de los ensayos que más marcaron mi desesperanza: Edipo entre los árboles. “Si se consulta a un diccionario cualquiera para ilustrar el sentido de la palabra ‘desaparecer’, encontraremos casi siempre que los ejemplos se concretizan en objetos: desaparecen los guantes de la marquesa, desaparece el sol por el horizonte, desapareció repentinamente el fantasma.

”En la realidad, en cambio, y especialmente en aquella dura geografía que se llama realidad latinoamericana del cono sur, lo que desaparecen son —increíblemente— las personas, los seres humanos.”*

Cada mañana despierto con la pesadez habitual de los días laborales, pero éstos han sido especialmente complicados porque se amotinan el dolor y la náusea. Casi siempre evito leer demasiado sobre la narcoviolencia en México porque es ésta la más barbárica versión de nuestra realidad nacional, y porque nunca puedo evitar pensar que hay realmente pocas cosas que combatan directamente a quienes detentan los métodos violentos de los que muchos se benefician. Pero esta mañana repaso las páginas de Ni vivos ni muertos, un libro que conocía de antes y recordaba con el estigma de las cosas que nos traen noticias malas. Para sorpresa de mis mañanas, en realidad es algo más.

Digamos que sí, que es un libro que tiene que ver con el miedo, pero no con el terror: “El miedo es una situación positiva, humana, que te agudiza las defensas. Es como la basura que huele a podrido. Qué bueno que huela mal, porque es algo diferente a mi alrededor que hace que yo suba mis antenas de seguridad. En cambio el terror te paraliza, no te deja pensar. Bajo el terror uno hace todo lo que no tiene que hacer y permite que avance el proceso de la guerra, del encierro”.**

De un modo u otro, esta es la premisa moral con la que se sostiene el libro: hablar desde el miedo, cantar nuestros temores. ¿Por qué? Porque las desapariciones forzadas son eso: un método con el que las fuerzas criminales, directamente, y el Estado, indirecta o directamente, infunden terror en la población.

Hoy no hay una junta militar, como en las dictaduras sudamericanas o la Nazi, ni un plan visible, como en la Guerra Sucia en México, pero sí hay un grupo importante de actores económicos (empresas nacionales y transnacionales) a los que beneficia tener control sobre determinadas regiones. Es verdad que no es un gran grupo organizado de empresarios, políticos y delincuentes afiliados bajo un mismo nombre, pero cuando sus intereses económicos o políticos son los mismos, esas clases políticas, empresariales o armadas actúan en conjunto para verse favorecidas.

No es casualidad, por ejemplo, que teniendo México la cuarta reserva más grande a nivel mundial de gas shale, y que siendo la Cuenca de Burgos (Nuevo León, Coahuila, Tamaulipas y norte de Veracruz) la región donde yace el recurso natural, sea un territorio controlado por los Zetas, que no es otra cosa sino un grupo paramilitar constituido a partir de diferentes grupos especiales del Ejército y la Marina.

No es para nada una casualidad; sin embargo, ésa es la versión que muchas veces escuchamos en los medios informativos, quienes desgraciadamente parecen convertirse en voceros de los grupos delictivos al hablar de las víctimas de la violencia y las desapariciones como hechos casuales o aislados. No importa si han sido 10 mil o 20 mil en los últimos años, porque para los actores a quienes más les beneficia esta realidad es mejor hablar de “hechos aislados” que de una política de terror para beneficio de los grandes grupos económicos.

De todo esto nos habla Federico Mastrogiovanni, por supuesto con más conocimiento de causa, con mucho más entendimiento y con mucha más soltura que la de un servidor, pero sobre todo, y eso hay que aplaudirlo, con la valentía de quien sabe que en el camino más oscuro no hay mejor forma de disipar el miedo que cantando nuestros temores.

Esta semana leí también Las tierras arrasadas, un libro que está por salir en esta casa editorial bajo el sello de Literatura Random House. El autor es Emiliano Monge, uno de esos autores mexicanos que está llamando mucho la atención. Si les interesa el tema de las desapariciones, ésta es una novela que seguro atraerá su atención.

 

*Esta cita viene de “Edipo entre los árboles”, de Ariel Dorfman, publicado en la Revista de la Universidad de México en julio de 1980. Es un excelente ensayo sobre las desapariciones forzadas en Chile y los curiosos y lamentables casos de niños sustraídos de activistas y adoptados por militares de la dictadura.

**Palabras del profesor Pietro Ameglio, citado en Ni vivos ni muertos.

Reseña del libro: Ni vivos ni muertos, Federico Mastrogiovanni, Grijalbo, México, 2015.


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