Don Winslow

Marchó a Sudáfrica donde trabajó como periodista e investigador en la Universidad de Ciudad el Cabo. Ha sido guionista de cine y televisión, y dos de sus obras, han sido llevadas al cine. Entre sus influencias se encuentran Raymond Chandler, James Ellroy y Elmore Leonard. Debutó a comienzos de los años 90 con A Cool Breeze On The Underground (1991), la primera novela de la serie protagonizada por el detective Neal Carey. Su primer libro editado en español fue Muerte y Vida De Bobby Z (1997), novela en la que un delincuente encarcelado al que le ofrecen suplantar a un legendario narcotraficante de drogas. Más tarde publicó El Poder del Perro (2005), intriga criminal con un agente antidroga buscando venganza contra la mafia tras el asesinato de su compañero, y El Invierno de Frankie Machine (2006), novela centrada en las peripecias de un ex mafioso convertido en asesino a sueldo en California. En El Club del Amanecer (2008) un surfista llamado Boone Daniels ejercía también de detective. Salvajes (2010) es una historia de drogas y triángulo amoroso que conoció una precuela posterior con Los Reyes De Lo Cool (2012). Satori (2011) es un thriller ambientado en tiempos de la Guerra Fría con el protagonismo de un asesino a sueldo contratado por la CIA para asesinar al delegado soviético en China.
En una entrevista le preguntan a Winlow qué significa para él ser escritor: Para mí lo significa todo. Quiero ser escritor desde que era un niño pequeño. Crecí rodeado de grandes narradores. Mi padre era marino y solía sentarme debajo de la mesa del comedor cuando sus viejos amigos de la marina venían de visita, y él hacía como que me había ido a la cama y permitía que me quedara allí sentado escuchando a algunos de los mejores narradores de historias del mundo, siempre los adoré a todos. Y en casa siempre había libros. Cuando mi padre volvió de la Segunda Guerra Mundial, tenía 17 años cuando Guadalcanal, lo único que quería era navegar, ir a todos los zoológicos del mundo y sentarse a leer. Así que en mi casa siempre había libros y se nos permitía leer lo que quisiéramos a cualquier edad. Nunca hubo ningún tipo de censura, así que desde los cinco o seis años ya imaginaba que ser escritor debía de ser lo mejor que se puede hacer en el mundo.

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