De la crítica literaria a la literatura crítica: los Ensayos de George Orwell

George-Orwell
Ensayos / Debate, 2014

El que un autor escriba con igual profundidad intelectual que riqueza estilística es un hecho que cualquier lector agradece, pues convierte a la lectura no sólo en un acto disfrutable, sino en uno enormemente edificante. Por supuesto que lograr amalgamar de buena manera el goce y la reflexión debiera ser, nos enseñaron los ilustrados, el objetivo de todo arte, pero es triste aceptar que no siempre sucede de esta manera.

Por eso, quizá, cuando descubrí que George Orwell no era sólo un maravilloso fabulista, sino también un perspicaz crítico y ensayista, lamenté no haberme percatado antes. Aún otro hecho me llamó la atención, y es que Orwell, quien legó al mundo la célebre Rebelión en la granja; y la inquietante distopía marcial que es 1984, ambas convertidas hoy en íconos de la literatura contemporánea y en objeto de culto alrededor del mundo, tenía el humilde propósito de hacerse oír: «Escribo porque hay alguna mentira que quiero dejar al descubierto, algún hecho sobre el que deseo llamar la atención. Y mi preocupación inicial es que me oigan. Pero no podría realizar la tarea de escribir un libro, ni siquiera un largo artículo de revista, si no fuera también una experiencia estética».

¿Qué era eso tan importante que quería decirnos? Orwell es uno de esos escritores de los que uno tiene que conocer, aunque sea a retazos, su biografía: de su trabajo como periodista social y de su experiencia como combatiente en la Guerra Civil Española heredó la preocupación esencial por discutir los peligros del totalitarismo, amén de otras vicisitudes políticas de su época. Esto no le impidió dedicarse con igual empeño a la crítica literaria pero, en cierta medida, ésta es una consecuencia de aquélla.

Dos son, pues, los cimientos que sostienen la obra de Orwell: por un lado un compromiso político con su tiempo y por otro la búsqueda incansable de la perfección estética. Así entendido, su trabajo ensayístico y su literatura adquieren un nuevo matiz que los funde en un solo propósito y, dicho sea de paso, en un ideal literario: sin importar cuál sea el mensaje, sin crítica y sin arte no vale la pena hacernos oír.

David Velázquez

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