De delirios, lagunas mentales y recuerdos inconexos de escenas caóticas e inconvenientes

Resaca / Literatura Random House, 2014.

En Resaca, L.M. Oliveira nos lleva a reflexionar sobre lo incierto de nuestras certezas. Y es que para funcionar en el mundo solemos no tomar en cuenta la fragilidad de éstas, olvidando que muchas veces construimos creencias que a la menor provocación se derrumbarán, y probablemente nosotros con ellas. Ese es precisamente el caso de Pablo, un doctor satisfecho con su vida, y sin preocupaciones, a quien diversos hechos de su hasta entonces ignorada realidad le golpearán la confianza y las convicciones.

Pero, ¿en verdad esos hechos que nos desploman son completamente desconocidos por nosotros, o sólo decidimos ocultárnosles por miedo a lo que, de revelarse, pueden hacernos? El miedo a la soledad, al descontrol, al ser insignificante son únicamente algunos de los sentimientos que se desbocan justo en los momentos de desequilibrio. Es así que en la resaca dicha inestabilidad encuentra su momento triunfante, sobre todo si la borrachera que la generó fue acompañada de delirios, lagunas mentales y recuerdos inconexos de escenas caóticas e inconvenientes. Pues como bien menciona el doctor: “no puede haber peor alianza que la del propio cuerpo y la mente en contra de uno mismo.”

La resaca es entonces no sólo el recuento de los daños sino, a pesar de los escollos físicos y emocionales, espacio para la reflexión. De ahí que Pablo transite de ella hacia la filosofía y, acompañado de los Diálogos de Platón, pretenda cubrir las ausencias que lo enfrentaron a absurdos sucesos, como ser golpeado por un grupo de mujeres transgénero o a grafitear las calles de la ciudad en pos del progreso estético del país. Sin embargo, lo risible no se limitará a las acciones producto de su resaca existencial, pues el Sócrates chilango, como habrá de ser llamado a causa de las charlas filosóficas que acostumbrará dar en un parque de la colonia Condesa, intentará recomponer el sentido de su existencia envuelto en una túnica y bajo unas grandes barbas que confirmarán su nuevo estatus. No obstante, la parafernalia de filósofo griego no contendrá por mucho tiempo las tribulaciones del, no del todo ordenado, cosmos.

Raquel Alvarado

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