De cuando el Coyote persigue al Correcaminos y encuentra un abismo

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El crimen de Los Tepames / Mondadori, 2013

La consigna en El crimen de Los Tepames es clara: Se tiene que esclarecer el asesinato de los hermanos Suárez. Abel Corona, convertido en agente del Ministerio Público, es el responsable de la investigación y nosotros, como lectores, lo acompañaremos.

Todo gira alrededor de cuerpos desmembrados, sí, pero Rogelio Guedea plantea un esquema riguroso para unir las piezas (la averiguación previa, lo que no cuadra, el cruce de declaraciones, la intervención de las autoridades locales) y da peso al contexto del lugar, de las personas. Para esto Guedea recurre al detalle: “Abel Corona se levanta de la silla, cierra la puerta con seguro y va al archivo junto a la ventana que da al yonke”.

Vamos paso a paso, día a día, con Abel Corona, un hombre que “cavila en busca de un boquete a través del cual llegar al centro de todos los acontecimientos” y “Se mueve de un lado a otro como un ratón enjaulado”. Como el Coyote que intenta atrapar al Correcaminos.

La minuciosidad en la novela de Rogelio Guedea se respalda en la consulta que éste hizo al expediente del acontecimiento real que inspiró El crimen de Los Tepames. Un asesinato ocurrido en 1909, en Colima.

Como en toda novela policiaca encontramos giros narrativos inesperados. Guedea nos permite sospechar y formular hipótesis. Sin embargo, lo más interesante es la manera en que los personajes y el lugar, Tepames, también quedan al descubierto de algún modo.

Por ejemplo, Abel Corona tiene pesadillas: “…soñó que dos hombres con músculos hasta los párpados, vestidos de la cintura hacia arriba con un traje romano, lo penetraban en el sofá de una sala amplia y llena de luces rojas…”

Así, Guedea, quien es abogado e incluso trabajó en un Ministerio Público (además de ser poeta y ensayista) también arma una pieza que retrata e interpreta aspectos de México, un país que sabe lo que es el crimen, la violencia y las disputas de la tierra. ¿Quién no tiene idea de lo que es la corrupción policiaca y política?

Por eso el Coyote (Abel Corona) va lento tratando de atrapar al Correcaminos (la justicia, la resolución del crimen). Arma planes. Persigue. Se distrae. Se da de golpes. Y es que, si no tiene cuidado, es más fácil caer en el abismo.

Lizbeth Hernández

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