Cinco pueblos famosos de la literatura

  1. Comala

“Vine a Comala porque me dijeron que acá vería a mi padre, un tal Pedro Páramo.” La entrañable novela de Juan Rulfo, Pedro Páramo, inaugura como los grandes esta lista. Un clásico en las letras mexicanas que le ha dado a este pueblo de paredes blancas en Colima un lugar geográfico más allá de lo real en la memoria de todos.

(Mensaje aprobado por la Fundación Rulfo).

  1. Ixtepec

Antes Villa de San Jerónimo Doctor, localizada a en el estado de Oaxaca, a 45 minutos de Tehuantepec y de un clima predominantemente cálido, Ixtepec defiende su presencia a través del robo, el olvido, la repetición, la mutilación y brutalidad que Elena Garro detalla en las páginas de Los recuerdos del porvenir. Un pueblo marcado por la esperanza muerta y un horizonte cada vez más cansado de su realidad.

  1. Zapotlán el Grande

“Yo, señores, soy de Zapotlán el Grande. Un pueblo que de tan grande nos lo hicieron Ciudad Guzmán hace cien años. Pero nosotros seguimos siendo tan pueblo que todavía le decimos Zapotlán. Es un valle redondo de maíz, un circo de montañas sin más adorno que su buen temperamento, un cielo azul y una laguna que viene y se va como un delgado sueño. Desde mayo hasta diciembre, se ve la estatura pareja y creciente de las milpas. A veces le decimos Zapotlán de Orozco porque allí nació José Clemente, el de los pinceles violentos. Como paisano suyo, siento que nací al pie de un volcán.” Juan José Arreola.

Lugar de los frutos redondos, localizado al sur en el estado de Jalisco, ha sido lugar de nacimiento de artistas como Orozco y Arreola. Y más aún, ha dado pauta a la creación literaria de una novela de este último, La feria, que lo hizo merecedor del premio Xavier Villaurrutia. El texto nos narra las celebraciones de la feria de Zapotlán, dedicada a San José, el santo patrón, a través de diversos personajes que mantienen el mismo protagonismo en cada intervención y que resuelven los episodios aislados para entretejer una historia colectiva del pueblo, sus costumbres y una realidad popular.

  1. Macondo

Rompiendo las reglas, no existentes para este top, resbala en el puesto número 4 este pueblo de procedencia colombiana que es vital en la reformulación de los pueblos literarios más emblemáticos de la literatura latinoamericana. Así que si de pueblos famosos hablamos, Macondo nos dice “quítense que ahí les voy”. Fundado por José Arcadio Buendía en Cien años de soledad, Macondo aparece en varios universos de Gabriel García Márquez, tales como La hojarasca, El coronel no tiene quien le escriba, Los funerales de Mamá Grande, etcétera. Sin embargo, sus referencias se extienden hasta la música con temas como Macondo de Óscar Chávez o la infinidad de pinturas que retratan el imaginario de “un estado de ánimo”, dicho así por el mismo García Márquez.

  1. Coyoacán/Cuévano

Porque Coyoacán también merece el apelativo de “pueblo mágico”, entra al Top Langosta el punto de encuentro más literario de la Ciudad de México (¿cliché? Es el punto). No, no es lo que piensan, ninguna broma les estaríamos jugando en esta revista seria y comprometida. Lo que pasa aquí es que si recapitulamos un poco, Cuévano, ubicado en el imaginario estado de Plan de Abajo, es el lugar en donde el escritor Jorge Ibargüengoitia construyó su trilogía, compuesta por Estas ruinas que ves, Las muertas y Dos crímenes. Lo interesante es que esta reconstrucción de espacio y tiempo surgió a partir de su propia experiencia como nativo de las calles y callejones del barrio de Coyoacán, en donde vivió mucho tiempo. Tal y como lo señala Alberto Peralta, estudioso del tema, en Cuévano conocemos a “ese Coyoacán que Jorge Ibargüengoitia defendió tanto en la cuestión patrimonial con el fin de preservar su carácter de pueblerino. En mucha de su obra periodística, Jorge Ibargüengoitia denunció todas las transformaciones que estaban sucediendo en ese Coyoacán tradicional que a él le tocó conocer”.  #GuiñoGuiño

 

  1. El pilón

Porque si hablamos de lugares, patrias o nostalgias geográficas, José Emilio Pacheco siempre será el mejor para cerrar este top de los mejores pueblos literarios (o no) de nuestra memoria.

Alta traición

No amo mi patria.
Su fulgor abstracto
es inasible.
Pero (aunque suene mal)
daría la vida
por diez lugares suyos,
cierta gente,
puertos, bosques de pinos,
fortalezas,
una ciudad deshecha,
gris, monstruosa,
varias figuras de su historia,
montañas
-y tres o cuatro ríos.

 

Escrito por
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