Carta a Bazeltoff

Estimado Bazeltoff:

No me extiendo mucho porque es algo muy puntual por lo que te escribo, además de importante y delicado… me URGE que me regreses, a la brevedad, mis Cuentos completos de Edgar Allan Poe. La edición de Penguin, ¿te acuerdas? Te la presté hace más de un año y no me la has devuelto. Te recuerdo que mi tesis doctoral es sobre la vida y obra de este autor, y no falta mucho para que la tenga que someter a dictamen. Te pido entonces, amablemente, antes de que tenga que cruzarme hasta el otro lado de la ciudad para recoger el libro en tu casa, que me lo mandes por correo o que me lo hagas llegar por medio de alguien más. O en el mejor de los casos, que me lo traigas.

Te voy a ser honesto. No es tanto los cuentos lo que me importa. Es decir, mi interés no es la obra del autor… mi interés es, antes que nada, esa edición. No sé qué cosa mágica contiene que al poseerla la hace sentir como una piedra filosofal, o un diamante, o un aleph, o una droga. No sé, simplemente es bella y la quiero de vuelta en mi vida, además de que tu primo, el que me la prestó a mí (hace ya como tres años) también me la está pidiendo de regreso. ¡Pero no se la des a él! Si te llega a contactar, ignóralo; dámela a mí antes porque, como te dije, la necesito conmigo hasta el fin de mi tesis doctoral. Por favor, si te escribe, no le contestes.

Te voy a ser más honesto aún: nunca leí el libro completo. Yo sé, estoy a meses de doctorarme con un trabajo sobre el autor y no he leído su obra completa. Pero no me importa, todo lo vale por esas largas veladas en que contemplaba el libro, en que lo acariciaba hoja por hoja mientras lo olfateaba y manoseaba con mi mirada analíticamente atenta a cada centímetro de su cuerpo, y de pronto veía que la literatura también florece del arte de las páginas y de las cubiertas… que una perfecta enumeración, prólogo, contraportada, textura, etc., puede cautivar igual o más que el mejor de los cuentos. Si comúnmente se dice que la obra elige al lector, mi caso es distinto; la obra fue un puente, un simple conector para lo que en verdad me eligió, que es esa edición que está en tus manos y que probablemente estás besando hasta el cansancio como lo hace cualquiera que la posee. Con esta edición dormí, me bañé (eso explica la tinta derramada en algunas de sus hojas), paseé por la ciudad, se la presenté a todos mis conocidos y conocidas, hicimos un pacto de sangre y, si por mí fuera, hubiéramos contraído matrimonio. ¿Ya pasaste tu mano y tu cara por cada una de sus páginas? ¡No lo hagas! Y si lo hiciste, no lo vuelvas a hacer.

Me contó tu primo que te mudarás pronto. ¿A dónde era… a Baltimore? Bueno, sólo te pido que me regreses mi tesoro editorial (y mucho más que eso) antes de tu mudanza. No me vayas a hacer viajar hasta Baltimore o interceptarte en el aeropuerto y armar una escena, para que luego el mundo vea un encabezado que diga «Pelea por libro de Allan Poe deja dos muertos».
Atentamente,

Guttenkoff

PD: Si la edición se pone a llorar después de la medianoche, mécela entre tus brazos, bésala y cuéntale un cuento. De ser posible, uno de los que está adentro de ella. También procura no desajustar mucho sus horarios de alimento. Claro, nada de esto debería ser un problema si tan sólo me la regresas pronto.

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