Carrie: la joya sangrante en la corona

«Stephen King dijo una vez que las pesadillas no están sujetas a la lógica, no tiene sentido explicarlas; la explicación es la antítesis de la lírica del miedo. En una historia de terror, la víctima no deja de preguntarse ‘por qué’. Sin embargo, no hay explicación. No debería haberla. El misterio sin respuesta es el que perdura, el que siempre acabamos recordando.»
Alan Wake, Sam Lake y Mikko Rautalahti

Más de cincuenta novelas, algunos guiones cinematográficos y decenas de relatos cortos respaldan la carrera del escritor de horror más lucrativo de la historia. Ya de nombre y apellido su destino estaba marcado: Stephen, que deriva del griego “corona”, “guirnalda”; y King, que en inglés significa, literalmente, “rey”.

El rey del relato de horror no es, empero, un autor que haya tenido éxito inmediato. Durante años caminó de revista en revista, de oficina editorial en oficina editorial intentando vender alguno de sus cuentos con la esperanza de salir de las penurias económicas por las que atravesaba como estudiante de inglés. Su historia no se parece, pues, a la de las famosas escritoras de novela juvenil contemporánea, como Veronica Roth —¿les suena Divergente?—, quien escribía en vez de prestar atención a sus profesores de universidad, y quien logró convertirse con abrumadora celeridad en un nombre de fortuna multimillonaria apenas después de cumplir la mayoría de edad. No. La historia del maltrecho Bill es diferente.

Cuenta la leyenda que incluso sus profesores en la Universidad de Maine no confiaban en su talento, y cuando Stephen por fin logró vender su primer cuento a una revista literaria, tapió en la puerta del más escéptico de sus profesores una copia del cheque que había conseguido como paga.

Podría decirse, sin embargo, que la carrera de Stephen King arrancó verdaderamente con la publicación de una humilde novelita de inspiración vengativa con tintes fanático-religiosos. Carrie vio la luz del mundo en 1974 gracias, curiosamente, a la influencia de dos mujeres. La primera, una pluma ahora anónima que había criticado la absoluta ausencia de personajes femeninos interesantes en la escritura de King; y la segunda, Tabitha King, esposa del autor, quien rescatara de la papelera una historia que su marido había estado garabateando a propósito del reto que la primera mujer había lanzado, un relato inocentón de venganza y sublimación adolescente, donde una retraída y acosada jovencita con poderes telequinéticos, luego de experimentar su primer periodo, desata una furia destructiva ante sus crueles compañeras de clase.

Pocas escenas en la historia del cine han resultado tan devastadoramente impactantes como lo fue aquel clímax dirigido por Brian de Palma para la primera adaptación cinematográfica, cuyo estreno tuvo lugar apenas dos años después de la publicación de la novela (1976), y cuya marcada influencia en el cine de Hitchcock la ha convertido en un clásico imperecedero de la filmografía de horror.

Carrie, un relato inspirado en dos chicas que King había conocido en el colegio, había sido pensado como un cuento para la revista Cavalier, pero pronto habría exigido longitud propia, y aunque King estaba seguro de haber escrito “la peor novela de la historia”, porque “quién querría leer sobre una jovencita con problemas menstruales”, la novela fue seleccionada por William Thompson, de Doubleday, para su publicación. “El futuro está adelante”, había escrito el editor en un telegrama que le envió para dar la buena noticia, porque King ganaba por entonces tan poco como profesor que le habían suspendido incluso la línea telefónica.

Ese futuro que auguró Thompson con aquel adelanto de 2,500 dólares se ha convertido en más de cincuenta novelas que le han granjeado a su autor millones por venta de derechos y concepto de regalías. Así, hace más de cuarenta años, esa novela humilde se convertiría en la tarjeta de presentación de King, en su primer gran éxito comercial, y en la novela que lo cambiaría todo en el panorama del horror americano. Carrie haría de King el último gran monarca del horror en papel, referencia indiscutible para toda la escritura de horror y misterio que ha venido, y que vendrá después.

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