Breves consideraciones del repulsivo David Foster Wallace

Entrevistas breves con hombres repulsivos / Debolsillo, 2011.

…lo más parecido a un inmortal literario que vive hoy en día.
David Foster Wallace

Esta línea de David Foster Wallace apareció apenas al inicio de este siglo en el relato “La muerte no es el final”, contenido en su libro Entrevistas breves con hombres repulsivos y parece ser el perfecto telón de fondo para recordarlo año con año, como si él mismo hubiera querido redactar su epitafio literario anticipándose a su muerte. No me sorprendería si él mismo se hubiera adjudicado la frase con que abrí este pequeño texto e incluso nos estuviera reiterando que para el escritor la muerte no representa el final de su obra, sino apenas el comienzo.Para recordar a David Foster Wallace la mejor manera de hacerlo sería leyendo su obra —aunque esto suene demasiado trillado, no pierde su efectividad—, y Entrevistas breves con hombres repulsivos es uno de los mejores lugares de arranque, es uno de sus libros más importantes que hasta hoy se sigue discutiendo y comentando.

En esta obra encontraremos situaciones diversas y anárquicas que leídas a través de la destreza de David Foster Wallace se sienten como retratos únicos, cínicamente divertidos. Las descripciones que el autor construye en cada relato logran enfrentarnos a imágenes fabulosas, una colección de fotografías literarias tomadas por uno de los escritores norteamericanos más notables de las últimas décadas.

Dichos retratos-relatos son como espejos opacos que dibujan sombras difusas, siluetas irreconocibles, incómodas, de personajes que viven y pasan a diario frente a ellos sin mirarse. David Foster Wallace trata de descifrar estos reflejos, reconstruirlos y reconectarlos con la realidad; sacar los tentáculos de sus descripciones tan detalladas para tocar las epidermis de los sujetos que les dieron vida. Ahí, en esa conexión, Wallace encuentra su fuerza crítica y despliega sus irónicos juegos de palabras. Esto obliga al autor a explicarse y justificar sus pasos narrativos: las notas a pie parecen anclas que frenan el caos ante la ironía, quizás pudieran ser incomodas para cierto tipo de lector pero le dan un sentido necesario a la obra.

Lo que David Foster Wallace ha dejado escrito tiene una vigencia brutal y representa para sus lectores, amantes y detractores, estímulos que no los dejarán quietos, la prosa de este autor nos invita a pensar y a vernos, aunque sea por breves instantes, en esos espejos opacos que representan una parte de nosotros.

Víctor López

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