Art Spiegelman, frente a la sombra del fin del mundo

«Sigo pensando que el mundo se acaba, pero reconozco que parece acabarse más despacio de lo que creía… así que he decidido hacer un libro.»
A. S.

Al hablar de Art Spiegelman es inevitable pensar en Maus, el Pulitzer y The New Yorker. Sin embargo, además de la santa trinidad con respecto a él, ¿qué es lo que hace a este caricaturista tan famoso y reverenciado por la crítica? Once años después de la celebrada publicación de Maus, Spiegelman publicó (del 2002 al 2004) Sin la sombra de las torres, una tira sobre el atentado de las Torres Gemelas, el “11-S”. Pese a la fama y reconocimiento que él había obtenido, esta publicación de 10 plaquetas de co-mix (underground cómic y vanguardista dirigido hacia un lector adulto), no fue bien recibida por los medios más importantes de Estados Unidos, incluso aquellos para los cuáles colaboraba, como The New Yorker. Este hecho obligó a que Spiegelman se hiciera camino a través de otros medios locales alternativos y extranjeros para lograr las que, desde su fallida primera propuesta, serían entregas semanales en la revista alemana Die Zeit. Tardó un poco más de lo previsto, pero en 2004 terminó la publicación de esta obra, con esa famosa portada de The New Yorker con las Torres Gemelas en negro sobre un fondo negro que él mismo hizo. Un proceso personal, autobiográfico y experimental del trauma, la paranoia, lo fútil y la asimilación del fin del mundo: “un diario a cámara lenta de lo que experimenté mientras buscaba una ecuanimidad provisional”.

Mientras revisitaba el texto, no pude dejar de congeniar la sensación fatalista de inicio del fin del mundo —al leer las rutinarias noticias matutinas “Trump vs. el mundo”, cambio climático, guerra y más y más muerte—, con la visión spiegelmaniana del trauma. De hecho, justo después de la elección presidencial estadounidense Art dijo: “Yo de verdad me preocupo todo el tiempo, es mi naturaleza. Pero ahora, ¡eureka! ¡Finalmente he encontrado algo valioso de qué preocuparme!” No lo culpo, no es para menos. No obstante, en esta recopilación Spiegelman nos lleva a un lugar más allá del espanto y del primer shock. Spiegelman es un autor de la narrativa autobiográfica, su realismo se mueve a través de las caricaturas que cobran vida en distintos contextos, formatos, lenguajes y yuxtaposiciones. Su proceso creativo de dos años en la realización de este proyecto nos permite presenciar lo que aspira a ser también un proceso digestivo y de regurgitación de lo convulso.

Su meditación comienza el 11 de septiembre, de cara al esqueleto en llamas de las dos torres, seguido del trayecto de regreso a casa y la narración testimonial de una brutal realidad después de los hechos: la del mundo, las noticias y la suya (a diferencia de Vladek en Maus). No está de más afirmar el gran acierto en esta obra respecto a su propuesta visual y de formato. Láminas de 36 × 28 cm, viñetas caóticas, collage gráfico, apropiación, etcétera, una apuesta propositiva, y sí, insubordinada a la tradición del cómic. La imagen se reinventa en su disposición a lo largo de las hojas, y la narrativa se lee a través de la forma, su materialidad y la consciencia física de la historia: el cómic como una apuesta plenamente artística y humana.

Esta obra fragmentaria juega con la intersección entre el pasado y el presente, a través de lo presencial y la trasformación de una realidad que todos asimilaron pronto como “histórica” —por histórica quiero decir más cercana al olvido—. En medio de los personajes, el evento del trauma choca con las banderas políticas, el desinterés, la ilusión, lo políticamente correcto, la invasión, la desconfianza, lo sensacionalista, la herida y el arraigo. Un retroceso: de hecho, el hallazgo del ahora en el pasado. “Los simios asesinos no aprendieron nada de las Torres Gemelas de Auschwitz e Hiroshima… y nada cambió con el 11-S. Su presidente está a sueldo de la guerra y declara la misma rutina mortal de siempre.” De ahí que después de las diez planchas de co-mix, encontremos otras siete páginas en modo flashback histórico de los periódicos de Pulitzer y de Hearst, que constituyen la segunda torre que refuerza arquitectónicamente la narrativa de Spiegelman. El autor nos introduce al mundo que le dio refugio después del atentado, las tiras cómicas de The New York World y The New York Journal. Tal y como lo describe el libro, ambos periódicos, a cargo de Pulitzer y Hearst respectivamente, se vieron envueltos en acusaciones de sensacionalismo, manipulación de noticias y un tratamiento poco ético de la información. Esto a la par de la creación y la disputa por una de las primeras tiras cómicas publicadas (en color, además) primero en el diario de Pulitzer, luego en el de Hearst y finalmente en ambos periódicos de manera simultánea: El Chico de Amarillo. En alusión al trabajo de ambos y su discrepancia con la misma caricatura, The New York Press acuño el término “prensa amarilla”.

Entre Fox News y el sensacionalismo de El Chico de Amarillo, habitan las ideas disruptivas de un polaco-estadounidense genéticamente marcado por el genocidio y por el olor a muerte a dos cuadras de su casa. El rencuentro del autor con el pasado permite que el lector construya una mirada crítica hacia el refugio provisional de esta narración, el de la historia del cómic y su pertinencia con lo actual, “dado que en todo edén hay una serpiente, ¡hay que encontrar la forma de vivir en armonía con ella!”. Y al mismo tiempo, somos testigos del hallazgo de una voz, cada vez más nuestra, de lo que significan la vida, la muerte y la reconciliación de nosotros sin la sombra de ninguna torre, un continuo recordatorio traído del pasado sobre nuestro futuro.

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